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«Cada vez hay más niños y adolescentes con ansiedad»_Impulsa Psicología

«Cada vez hay más niños y adolescentes con ansiedad»

Desde el punto de vista biológico, la ansiedad es una respuesta adaptativa y de supervivencia al medio que nos sirve para proteger nuestra integridad ante amenazas reales. Sin embargo, en algunas personas, este estado de alerta se hiperactiva. En esta entrevista, la psicóloga infanto-juvenil Vanessa Renau nos habla de la ansiedad patológica o  trastorno de ansiedad en niños y adolescentes.

  

¿Qué es el trastorno de ansiedad o la ansiedad patológica?

La ansiedad patológica es la reacción excesiva ante una situación que se percibe como amenazante. Este estado de alerta se repite cada vez que el niño o el adolescente se enfrenta a la situación que teme ―porque el estado de alerta está instaurado en él― y le genera un sufrimiento que le incapacita para su desarrollo personal, debido a que afecta a su autoestima y a sus relaciones interpersonales.

  

O sea, ¿en lugar de ayudarle a adaptarse a la situación, se lo impide?

Sí, la ansiedad patológica activa una serie de mecanismos que provocan que el niño, en lugar de adaptarse o superar la situación, caiga en dinámicas de evitación. Esta respuesta, además, va acompañada de síntomas físicos y psicológicos que le producen un gran malestar.

  

¿Cuáles son estos síntomas físicos y psicológicos?

Cada niño puede expresar la ansiedad de una manera distinta y hay una gran variedad de síntomas, tanto físicos como psicológicos. Depende mucho de la edad del niño. En los más pequeños, las manifestaciones son muy físicas y claras: llanto, inquietud, necesidad de recurrir a la ayuda y compañía de los padres de una forma muy dependiente, dolores de cabeza y de barriga, etc. Los que son más mayores suelen tener pensamientos negativos y anticipar mentalmente, con pensamientos rumiativos, las situaciones que les provocan ansiedad.

  

¿Un bebé puede tener trastorno de ansiedad?

Yo no creo que haya bebés con trastorno de ansiedad o con ansiedad, creo que hay bebés que están disregulados emocionalmente, que tienen mucha dificultad para calmarse. Esta disregulación puede deberse a factores relacionados con su neurodesarrollo o al vínculo que se está estableciendo con la familia, principalmente con los padres.

  

¿Cómo debería ser ese vínculo con los padres?

Un bebé espera que sus padres satisfagan sus necesidades. Si estos proporcionan respuestas adecuadas a sus demandas, el niño aprende a conocerse a sí mismo y a regularse emocionalmente. Pero si esto no es así y el vínculo, por ejemplo, es inseguro, es probable que más adelante, el niño tenga trastorno de ansiedad.

  

El ambiente familiar es importantísimo

Sí. Es fundamental que un niño tenga un entorno familiar estable, que pueda y sepa satisfacer sus necesidades de niño: que los padres tengan una inteligencia emocional competente que les permita observar y darse cuenta de si hay algo que pueda estar causando que el niño lo esté pasando mal. Y en este caso, crear el ambiente para que su hijo pueda expresar con naturalidad sus miedos e inquietudes.

  

¿Qué es lo que hace que un niño llegue a desarrollar ansiedad patológica?

Primero deberíamos diferenciar entre los dos tipos de ansiedad que puede presentar una persona porque las causas, que son multifactoriales, son distintas en cada caso.

  

De acuerdo, ¿cuál es el primero?

La ansiedad intrínseca, que es la que presentan las personas que tienen este rasgo en su personalidad. En los niños pequeños con ansiedad intrínseca ya se observa esta tendencia. Esto significa que han intervenido una serie de factores que han actuado como causa.

  

¿Qué tipo de factores?

Pueden ser factores genéticos: que tengan un familiar de primer o segundo grado con una personalidad temerosa y con pensamientos rumiativos, por ejemplo.

  

¿Y de qué otro tipo?

Puede haber factores individuales relacionados con su neurodesarrollo, factores relacionados con los propios recursos personales que va adquiriendo en el niño en sus primeros años de vida, como su capacidad de aprender y adaptarse a las situaciones, y factores relacionados con su propio temperamento: los niños tímidos y retraídos tienen una mayor tendencia a desarrollar trastornos de ansiedad en el futuro.

  

¿Y el segundo tipo de ansiedad?

Es la ansiedad reactiva, que está relacionada con los factores externos; fundamentalmente, con el tipo de vínculo que se crea entre los padres y el hijo, y con el ambiente familiar: si los padres satisfacen las necesidades del niño, si el ambiente en casa es estable, si los padres saben gestionar su propio estrés, si la educación que recibe el niño no es excesivamente sobreprotectora ni rígida, etc. Aunque también pueden producirse acontecimientos especialmente traumáticos o estresantes que desencadenen la ansiedad en un niño que no la había experimentado antes, como la enfermedad o el fallecimiento de un progenitor, el divorcio de los padres, empezar a ser víctima de acoso escolar, un cambio de colegio, etc.

  

«Cada vez hay más niños y adolescentes con ansiedad»_Impulsa psicología

  

Si los progenitores sufren ansiedad, ¿el niño también la sufrirá?

Si el padre o la madre presentan una gran ansiedad, será mucho más difícil que puedan contener la ansiedad de su hijo.

  

¿Qué es lo que no deben hacer nunca los padres?

Los niños y adolescentes con ansiedad, y también los adultos que la sufren, intentan evitar las situaciones que les provocan la ansiedad. Es importante que los padres no contribuyan a esa evitación.

  

¿Por qué?

Porque si el niño evita las situaciones que le provocan ansiedad, aumenta su temor y le será más difícil superarlo. Es decir, no hay que retroalimentar las dinámicas derivadas de la ansiedad: la persona con ansiedad identifica un foco como dañino e intenta evitarlo a toda costa. Si fomentamos esa evitación, a corto plazo nos dará la sensación de que le estamos ayudando porque se sentirá mejor, pero no le estaremos ayudando a que la ansiedad desaparezca.

  

¿Qué pueden hacer los padres?

Estar muy atentos a las respuestas del niño porque cuando un niño o un adolescente se enfrenta a una de las situaciones que le provocan ansiedad es cuando sus respuestas son mucho más evidentes, ya que se le activan toda una serie de mecanismos de alerta. En esas situaciones es cuando podemos observar la causa o fuente de su ansiedad.

  

¿Por ejemplo?

Un adolescente que esté sufriendo bullying o acoso escolar puede estar tranquilo todo el fin de semana hasta el domingo por la noche, que es cuando se acerca la amenaza que le provoca el estado de ansiedad, y mostrarse decaído o preocupado durante la cena, vomitar o tener dificultades para dormir. En este caso estaríamos delante de un tipo de ansiedad reactiva.

  

¿Cuándo es necesario buscar ayuda de un especialista?

Cuando no se ha conseguido resolver o remitir los sentimientos que provocan el malestar o el sufrimiento; cuando estos van en aumento, desencadenándose incluso crisis de ansiedad o ataques de pánico, o cuando el funcionamiento familiar está tan condicionado, que no se está gestionando con naturalidad: por ejemplo, los niños que a determinada edad siguen durmiendo con sus padres porque tienen miedo a dormir solos. Es decir, siempre que hay un malestar o un sufrimiento significativo que, además, impide al niño vivir sus día a día como se esperaría.

 

¿Qué síntomas indican que el niño está teniendo una crisis de ansiedad?

Hay diversos síntomas y no tienen por qué darse todos en una misma crisis de ansiedad: los más comunes son taquicardia, temblores, sudoración, náuseas y mareos. El niño puede tener la sensación de que va a morirse o de que va a descontrolarse.

  

¿Cómo trabajáis en terapia?

Las sesiones son con el niño, individuales. Y también hacemos sesiones de seguimiento con los padres. En algunos casos, dependiendo del tipo de ansiedad del niño, hacemos que los padres se impliquen como coterapeutas: contribuyen a que lo que trabajamos en las sesiones con su hijo se trabaje también en casa. Y si la dinámica familiar está implicada como causa en la ansiedad del niño, hacemos sesiones paralelas con los padres o terapia familiar para crear nuevas dinámicas de relación.

  

¿Cómo se realiza el diagnóstico?

Contrastamos la información de todas las fuentes que pueden aportar información relevante: primero tenemos una entrevista con los padres para saber cuál es el motivo de consulta, hacemos una anámnesis para saber cómo ha sido el desarrollo del niño, hablamos con el tutor del colegio y realizamos una evaluación individual del niño.

  

¿Trabajáis contando con la colaboración del colegio del niño?

Sí, incluso una vez iniciada la psicoterapia, tenemos reuniones de coordinación con la escuela para ver cuál está siendo su evolución. No obstante, hay que tener en cuenta que no todos los niños manifiestan la ansiedad en el entorno escolar: algunos solo la manifiestan en casa.

  

Actualmente, ¿hay un aumento de ansiedad infantil?

Sí, cada vez hay más casos de niños y adolescentes con tendencia a la ansiedad. De hecho, tanto la ansiedad como el trastorno de ansiedad figuran en las estadísticas de nuestro país como uno de los diagnósticos psiquiátricos más comunes en estas edades.

  

¿A qué es debido?

Yo creo que la presión que reciben los niños y adolescentes es cada vez mayor. La exigencia a la que están sometidos es muy alta, por lo que su nivel de responsabilidad y autoexigencia ha aumentado. Cada vez vemos más niños perfeccionistas y que quieren desenvolverse bien en todo. Un gran porcentaje de trastornos de ansiedad en la infancia y adolescencia está asociado a las dificultades académicas y sociales. Y también hay que tener en cuenta que, en muchos casos, la ansiedad va unida a la depresión.

  

En general, ¿los niños hacen demasiadas actividades extraescolares?

Sí. Las actividades extraescolares cumplen una función muy positiva, que es la de ayudar al niño a desarrollarse en diversas competencias, pero hay que encontrar el equilibrio: ni todas las actividades extraescolares deben estar enfocadas a que el niño adquiera conocimientos de tipo académico, ni deben ocuparle toda la semana. Es decir, podemos apuntar a nuestro hijo a clases de algún idioma, pero también a una clase donde pueda desarrollar una de sus aficiones. Y, en cualquier caso, al niño le debe poder quedar un espacio lúdico propio.

  

Si quieres hacernos una consulta sobre este tema, no dudes en ponerte en contacto con nuestro equipo de psicólogos.

  

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