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Niñas haciendo deberes

Reeducación psicopedagógica para mi hijo/a

 

Muchos padres y madres se plantean cuál es la diferencia entre la reeducación psicopedagógica y las clases de repaso. Otros, directamente se preguntan qué es la reeducación psicopedagógica. Posiblemente, el primer contacto que han tenido con este término haya sido a través de la escuela. En este artículo explicaremos qué son las sesiones de reeducación, para qué sirven, y en qué pueden ayudar a tu hijo/a.

¿Qué es la reeducación psicopedagógica?

La reeducación psicopedagógica es una intervención personalizada a cada niño/a. Se estructura en sesiones semanales, en las cuales se trabajan aquellas dificultades relacionadas con el proceso de aprendizaje. Esta intervención tiene como objetivo la mejora de su rendimiento escolar.

 

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Estudio del CSIC: los beneficios cognitivos del deporte se heredan

  • Un estudio liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha demostrado que los beneficios cognitivos del ejercicio físico se heredan de padres a hijos

 

Los estudios recientes sobre el cerebro han hecho descubrimientos tan importantes como que los adultos podemos producir nuevas neuronas hasta edades muy tardías (neurogénesis) o que dialogar activamente con los hijos modifica y estimula su desarrollo cerebral, independientemente del nivel económico y de la educación de los padres (leer estudio). Pues bien, ahora, un estudio liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) desvela otro hallazgo de suma importancia: los beneficios cognitivos del ejercicio físico se heredan de padres a hijos.

En concreto, lo que han observado estos investigadores españoles es que la actividad física paterna influye en la fisiología cerebral y la cognición de los hijos: hace que estos aprendan y memoricen mejor tanto las tareas espaciales como las no espaciales. Y han podido observar qué ocurre en el cerebro para que esto sea así.

Estudio del CSIC: los beneficios cognitivos del deporte se heredan

La investigación, que se ha llevado a cabo con ratones de laboratorio, ha demostrado, además, que esto ocurre incluso cuando los padres realizan tan solo ejercicio moderado y cuando las crías son sedentarias. Dicho de otra forma: las crías de los ratones más activos aprenden y memorizan mejor que las crías de los ratones más sedentarios.

Estudios previos ya habían demostrado que algunos efectos negativos para el cerebro, como los del estrés, se heredan por mecanismos epigenéticos, pero hasta ahora no se había realizado ningún estudio concluyente sobre la herencia intergeneracional en efectos positivos, como los de la actividad física. El equipo del CSIC, en cambio, ha podido describir los genes que cambian de expresión en el cerebro a consecuencia del ejercicio físico y ha mostrado que las mitocondrias del hipocampo están más activas y que la neurogénesis en los padres está incrementada.

Estudio del CSIC: los beneficios cognitivos del deporte se heredan

El biólogo que ha liderado la investigación, José Luis Trejo, ha explicado que el hecho de que este incremento de neuronas en el hipocampo de los padres se pueda heredar es un descubrimiento relevante, precisamente porque están asociadas con la capacidad de orientación espacial (fundamental en la adquisición de aprendizajes como el de la escritura) y con el aprendizaje y la memoria en general.

Tras este estudio, ahora los investigadores se centrarán en corroborar estos resultados con las madres de las crías, ya que la investigación se ha realizado exclusivamente con ratones machos, y en averiguar si los beneficios positivos del deporte moderado persisten hasta la tercera generación.

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Retraso en el habla y el lenguaje: cuándo acudir al logopeda

Cuando un niño tarda en empezar a hablar, la causa no siempre es, necesariamente, un retraso en su neurodesarrollo. Al margen del hecho de que cada niño tiene su propio ritmo de evolución, a veces el lenguaje solo es un reflejo de otras cosas que le están ocurriendo. Un retraso en el habla puede estar relacionado, por ejemplo, con una cuestión emocional, con un problema auditivo o con factores socioambientales.

Si los padres o los cuidadores de un bebé de ocho meses observan que todavía no hace ningún balbuceo, que un niño de año y medio no gesticula ni señala o no dice ninguna palabra, o que un niño a los dos años todavía no ha dicho sus primeras palabras, esto debe ponerles en alerta y consultar a un especialista. «Algunos pediatras les dicen a los padres que no se preocupen, que el niño ya hablará, pero puede que lo haga o puede que no. En lugar de esperar a que se agrave el problema, en el caso de que lo haya, si el niño no está cumpliendo esos mínimos que son esperables a su edad es importante acudir cuanto antes a un logopeda porque la intervención temprana en los retrasos del habla y del lenguaje es fundamental», afirma la logopeda de nuestro centro Olga López Carrillo.

El logopeda es el especialista que tiene la formación y la experiencia para poder valorar si hay motivos o no para preocuparse, determinar la causa del retraso y, en caso de que el niño necesite empezar una terapia, definir los aspectos que hay que trabajar de manera personalizada.

 

Diferencias entre el retraso del habla y el lenguaje, y el trastorno del lenguaje

Retraso en el habla y el lenguaje: cuándo acudir al logopeda

Aunque en las primeras etapas de la vida de un niño habla y lenguaje están muy entremezclados, hablamos de retraso cuando hay dificultades de fonología, de gramaticalidad o de vocabulario asociadas a la evolución del niño. Este sería el caso, por ejemplo, de un niño de seis años que hablara como uno de cuatro. «El retraso en el habla hace referencia al retraso en la articulación, en la pronunciación, en los movimientos que hay que realizar para hacer el sonido de una m, una t, una p, etc. No es un problema que a los 3 años un niño no diga bien la r, pero si a esta edad todavía no puede hacer los fonemas labiales, como el de la m, que son los primeros que se adquieren, entonces sí hay que consultar al logopeda: quizá no está recibiendo el patrón auditivo correcto, por ejemplo», matiza Olga López Carrillo.

Dentro de lo que denominamos retraso, distinguimos entre el simple y el severo. Este último implica más componentes que el primero, por lo que la evolución en terapia es más lenta: hay un déficit de atención primario, problemas importantes para explicarse y con el componente gramatical, no captan diferencias ni flexiones verbales, y les cuesta mucho generalizar los aprendizajes que van haciendo. En el retraso simple, en cambio, a pesar de que la utilización del pasado, del presente y el futuro es pobre, sí está presente la temporalidad.

Otra característica del retraso severo es que el rendimiento visual es muy superior al auditivo: si el niño tiene que explicar lo que ha hecho durante el fin de semana, podrá elaborar la narrativa siguiendo una línea visual, aunque su gramaticalidad esté comprometida. De hecho, el contenido de lo que expresan suele estar mejor que la forma. En el retraso simple esto no ocurre: los errores de lenguaje persisten a pesar del soporte visual, y hay una tendencia a simplificar. El término simple puede conducir a engaño, se utiliza en contraposición al retraso severo, pero eso no significa que no necesite intervención.

Finalmente, hablamos de trastorno del lenguaje cuando las conductas verbales son atípicas; es decir, cuando no siguen ninguna norma.

 

Los retrasos del habla y del lenguaje afectan a otros aprendizajes

Retraso en el habla y el lenguaje: cuándo acudir al logopeda

Normalmente, un retraso en el habla o en el lenguaje afecta a la adquisición de otros aprendizajes. La frustración que genera en los niños el hecho de no ser comprendidos por los demás ―ya que no se les entiende bien cuando hablan― les puede provocar dos tipos de respuesta: una conducta agresiva o una conducta de inhibición. Si optan por encerrarse en su caparazón debido a la vergüenza que sienten, pueden rechazar aprendizajes que cognitivamente sí podrán llevar a cabo. «Casi es preferible que la respuesta del niño sea agresiva porque los niños que en la escuela tienen problemas, pero no los manifiestan, pasan desapercibidos y se hace mucho más difícil detectar el retraso», advierte la especialista.

 

¿Qué pueden hacer los padres?

 

Es fundamental entender que los niños aprenden por imitación y que el lenguaje es una rutina, un entrenamiento, por lo que hablar mucho con ellos, leerles cuentos, ponerles música, cantar, propiciar que se relacionen con otros niños y ofrecerles un vocabulario rico les ayudará a ejercitar el habla y a adquirir el lenguaje. Lo más importante es que el tiempo que pasemos con ellos sea de calidad para que la estimulación también lo sea. Por ejemplo, si estamos bañando a un bebé, podemos ir mencionando las diferentes partes de su cuerpo a medida que vamos pasando la esponja por ellas: «Ahora vamos a limpiar la rodilla, y ahora el pie, después lavaremos el pelo», etc.

Para fijar patrones, los niños necesitan repetirlos numerosas veces, hasta que los pueden reproducir por sí mismos. A los bebés, por ejemplo, les hablamos exagerando mucho la entonación para que se familiaricen con la musicalidad que tiene el lenguaje y puedan imitarla. Aunque puede haber excepciones, en general, cuanto mas estimulemos a un niño mejor se producirá la adquisición del habla y del lenguaje.

Retraso en el habla y el lenguaje: cuándo acudir al logopeda

No obstante, hay que tener en cuenta que esos patrones deben ser los correctos: a un niño que ya está en preescolar no debemos seguir hablándole como a un bebé o sustituir el nombre correcto de las cosas por palabras o diminutivos que nos puede parecer que va a entender mejor. A los niños hay que hablarles con normalidad. Y también hay que proporcionarles variedad de modelos. Es decir, está muy bien que un niño de corta edad vea dibujos, pero ese no puede ser su único modelo; entre otras razones porque un dibujo no es algo real. «Un niño debe estar en relación con el mundo. Debemos ofrecerle la oportunidad, por poner un ejemplo, de que vea animales de verdad en el campo mientras se los nombramos. Seguramente, dotará de significado a la palabra vaca cuando vea una de verdad. Por esto es importante ofrecerles vivencias muy diversas. Además, proporcionarles experiencias diferentes a las habituales nos permite poder hablar con ellos de otras cosas, ampliando el universo de su lenguaje. Todo lo que es diferente, le proporciona al niño la riqueza a la que nos referimos”, señala la logopeda.

Otro elemento a tener en cuenta es que, aunque un niño todavía no haya llegado a la etapa en la que se empieza a hablar, igualmente debemos conversar mucho con él porque el niño almacena toda esa información en su cerebro; una información que es esencial para que su evolución sea óptima y un día se arranque a hablar. De hecho, solo hay que prestar un poco de atención para darse cuenta de que un niño, aunque no nos conteste, nos está comprendiendo, ya que la comprensión se desarrolla antes que la expresión. «Si se trata de un bebé, orgánicamente no estará preparado para responder, ya sus órganos no estarán del todo desarrollados o, si ya es un poco más mayor, quizá hable raro porque todavía lo hace como buenamente puede; pero el bebé nos entiende, sabe que se está produciendo una comunicación. Hay que interaccionar, pasar tiempo de calidad con ellos», concluye López Carrillo.

Lo que nunca hay que hacer es ridiculizar al niño por su forma de expresarse, imitar sus errores, decirle que no habla bien, perder la paciencia o corregirle poniendo el acento en las equivocaciones: hay que corregir en positivo, simplemente diciendo de forma correcta lo que él ha dicho de forma incorrecta; es decir, sin señalar el defecto, sino reformulando bien lo que él ha dicho.

 

Si quieres hacernos una consulta sobre este tema, ponte en contacto con nuestro centro.

 

Las últimas investigaciones sobre sueño y salud deberían hacerte dormir más

Las últimas investigaciones sobre sueño y salud deberían hacerte dormir más

Vivimos en una sociedad en la que muchas personas se vanaglorian de dormir poco, como si dormir 8-9 horas cada día tuviera que avergonzarnos. Pues bien, las últimas investigaciones sobre sueño y salud no solo indican que no deberíamos sentirnos mal por dormir las horas necesarias, sino que nos hacen tomar conciencia de que nuestra salud física y mental, así como nuestra esperanza de vida, dependen en gran medida de ello. Esto es lo que afirma uno de los mejores especialistas del mundo en esta materia, el neurocientífico cognitivo y neurofisiólogo Matthew Walker, que dirige el Laboratorio del Sueño de la Universidad de California, en Berkeley.

 

 

Dormir menos de 8 horas tiene múltiples consecuencias para la salud

 

Según Matthew Walker, desconocemos la magnitud de la importancia que el sueño tiene en nuestras vidas. La prueba de ello es que dos tercios de los adultos duermen menos de ocho horas al día, lo que tiene repercusiones tan graves en la salud como fumar o beber en exceso, y se relaciona directamente con enfermedades como la demencia, la depresión, la ansiedad, la diabetes, el cáncer, los ataques cardíacos y los accidentes cerebrovasculares, además de afectar seriamente a la memoria y a otras funciones cognitivas.

Las últimas investigaciones sobre sueño y salud deberían hacerte dormir más

En una entrevista publicada en The Guardian, este experto afirma que dormir es lo más eficaz que podemos hacer para restablecer la salud de nuestro cerebro y de nuestro cuerpo; una afirmación que ha argumentado con los resultados de sus últimas investigaciones en el Encuentro de la Sociedad de Neurociencia Cognitiva que se celebró hace unos días en San Francisco. Resumimos tanto las ideas más importantes de su intervención como las de sus estudios publicados con anterioridad:

 

1. Dormir lo necesario (o no hacerlo) repercute en nuestra salud mental: ya hay pruebas de que el sueño actúa como una forma de terapia durante la noche, calmando y regulando nuestras emociones y los trastornos psiquiátricos (cuando este especialista habla del sueño, se refiere al sueño natural, no al sueño inducido con fármacos).

2. La interrupción del sueño es un factor que contribuye al deterioro cognitivo; un factor que hasta ahora se había subestimado. Ser conscientes de esto es importante porque, así como, de momento, la medicina no puede tratar otros factores relacionados con este tipo de deterioro, sí podemos intervenir en mejorar la calidad y duración de nuestras horas de sueño para preservar funciones como la del aprendizaje y la memoria (funciones que se ven afectadas cuando se interrumpe la fase REM del sueño; una fase en la que, además, es más difícil entrar si disminuimos el tiempo de sueño).

Las últimas investigaciones sobre sueño y salud deberían hacerte dormir más

3. Nuestra esperanza de vida está directamente relacionada con nuestras horas de sueño: dormir poco predice o causa mortalidad. Esto se debe a que durante el sueño nuestros sistemas fisiológicos y los de nuestro cerebro se revisan y reparan.

4. Las enfermedades más importantes causantes de la mortalidad en el mundo desarrollado tienen vínculos significativos y causales con la falta de sueño (además de las que hemos citado al principio, hay que añadir la hipertensión, la obesidad, las infecciones y el suicidio). Pensemos que dormir menos de siete horas debilita nuestro sistema inmunitario.

5. Asimismo, según este especialista, ya hay evidencias científicas de que el déficit de sueño en los adolescentes es un factor desencadenante de esquizofrenia y depresión (la adolescencia es la etapa de la vida en la que empiezan a emerger muchos trastornos de salud mental).

6. El sueño reparador es tan importante antes de iniciar un aprendizaje nuevo como después de aprender algo: es imprescindible para que los conocimientos se fijen en nuestra memoria.

7. Dormir lo suficiente o no hacerlo afecta a todo el organismo, razón por la que en su laboratorio no investigan el cerebro de forma aislada, ya que hoy se sabe que este se comunica con todo el cuerpo: por ejemplo, están viendo que hay una relación directa entre el microbioma intestinal y el sueño.

Las últimas investigaciones sobre sueño y salud deberían hacerte dormir más

8. Los hombres que duermen cinco horas o menos tienen testículos significativamente más pequeños que aquellos que duermen siete horas o más. Además, los que habitualmente duermen de cuatro a cinco horas por noche tendrán un nivel de testosterona equiparable al de una persona diez años mayor. Es decir, la falta de sueño provoca que un hombre envejezca una década en este aspecto crítico del bienestar y la virilidad. También han visto que dormir poco afecta a la fertilidad de las mujeres.

Por último, si tienes la costumbre de ir apagando el despertador cada cinco minutos por la mañana, debes saber que es algo que perjudica a tu organismo: interrumpir el ciclo de sueño y volver a reiniciarlo provoca que se altere tu ritmo cardíaco, que se descontrole la presión arterial, es una causa de fatiga, afecta a la memoria y disminuye la capacidad de reacción.

Si quieres saber más sobre las investigaciones de Matthew Walker, en 20017 publicó el libro Por qué dormimos (Why We Sleep).

En nuestro centro, tratamos los trastornos del sueño. Si quieres hacernos una consulta sobre la terapia, ponte en contacto con nosotros.

 

En la base de todos los trastornos de la conducta alimentaria hay una problemática emocional

«En todos los trastornos de la conducta alimentaria hay una problemática emocional»

La psicóloga Mireia Vives está especializada en los trastornos de la conducta alimentaria (TCA). En esta entrevista nos explica el papel decisivo que todos tenemos en su prevención, ya que, como sociedad, estamos poniendo el acento en un modelo de belleza que contribuye a diluir la línea entre la salud y estos desórdenes en los que siempre subyace un problema emocional.

 

¿Cuándo se considera que una persona sufre un trastorno de la conducta alimentaria?

Cuando existe una problemática en el modo de alimentarse de la persona que afecta a su salud física y repercute en diferentes áreas de su vida, como la personal, social y familiar. La problemática con la comida puede ser por exceso, por defecto o por otras conductas anómalas como el vómito, conductas compensatorias, rumiación, etc.

 

¿Qué diferencia hay entre bulimia y anorexia?

La anorexia se caracteriza por la pérdida de peso a causa de un ayuno y/o de una restricción de la cantidad de alimentos. En la bulimia, puede suceder así, pero lo que se desarrolla es la presencia de atracones y las consecuentes conductas compensatorias.

 

¿En qué se diferencian la bulimia y el trastorno por atracones?

En el trastorno por atracones, a diferencia de en la bulimia, no hay conductas compensatorias. Es decir, en ambos trastornos se dan los atracones, pero las personas con bulimia intentan compensarlos con el uso inapropiado de laxantes y/o diuréticos, con la práctica de ejercicio, con el vómito, etc., para no ganar peso; ese es su objetivo, que es el mismo que el de las personas con anorexia.

 

¿Las personas con trastorno por atracones no tienen como objetivo perder peso?

En este caso, el miedo a ganar peso es menor que en la anorexia o la bulimia. En el trastorno por atracones hay una menor preocupación por el peso y menos insatisfacción con el cuerpo.

 

¿Una persona con anorexia no tiene una imagen real de su aspecto físico?

Lo que hay es una distorsión corporal: ellas no perciben su cuerpo como realmente es debido a la insatisfacción que sienten por él: nunca se ven suficientemente delgadas, por lo que no son conscientes de la situación.

 

¿Hablamos de “ellas” porque afecta más a las mujeres que a los hombres?

Sí, aunque hay que llamar la atención sobre el hecho de que cada vez están aumentando más los casos de anorexia entre la población masculina.

 

En los últimos años se habla de otros trastornos alimentarios asociados a la obsesión por la salud y la perfección estética, como la permarexia, la diabulimia, etc.

Así es, pero creo que lo más importante es entender que en la base de todos los trastornos de la conducta alimentaria hay una problemática emocional que se canaliza de diferentes maneras a través de la comida.

 

«Detrás de cada trastorno alimentario hay una historia personal, y una historia personal en la que el trastorno tiene un sentido y un significado para esa persona. Y en ningún caso se padece el trastorno por decisión propia: se desarrolla porque es la única manera que se encuentra para sobrevivir»

 

¿La relación con la comida y la obsesión por el cuerpo solo son los síntomas?

Sí, es como la punta del iceberg: lo que vemos es esa mala relación con la comida, pero lo que subyace es una cuestión emocional.

 

Entonces, ¿cada caso es completamente distinto a cualquier otro?

Sí, porque cada caso está relacionado con la historia de vida de esa persona. La causa del trastorno puede estar relacionada con situaciones traumáticas como haber sufrido abusos sexuales o maltrato, con haber perdido a un ser querido, etc.

 

Hablemos un poco más de esto

Detrás de cada trastorno alimentario hay una historia personal, y una historia personal en la que el trastorno tiene un sentido y un significado para esa persona. Y en ningún caso se padece el trastorno por decisión propia: se desarrolla porque es la única manera que se encuentra para sobrevivir.

 

¿Por qué castigan su cuerpo? ¿Cuál es la relación que establecen con él?

No hay una sola explicación, pero, puedo poner un ejemplo: una persona puede haber desarrollado anorexia por sentirse incapaz de controlar su vida, porque las cosas la desbordan y no sabe cómo gestionar lo que le ocurre. El mecanismo sería “como no puedo controlar mi vida, controlo la comida”. Esta idea le proporciona una falsa protección, le da seguridad. Es un desplazamiento. Otro ejemplo sería el de los vómitos.

 

¿Por qué se dan los vómitos?

El vómito actúa como una forma de regularse emocionalmente: necesitan sacar de su interior el malestar que sienten.

 

¿Expulsan lo que no pueden digerir emocionalmente?

Exacto.

  En la base de todos los trastornos de la conducta alimentaria hay una problemática emocional  

¿La adolescencia es la etapa crítica para el desarrollo de estos trastornos?

Sí, e incluso la preadolescencia: en los últimos años estamos viendo casos que empiezan a desarrollarse a edades muy tempranas.

 

¿A qué es debido?

En mi opinión, hay muchos factores que están influyendo: vivimos en una sociedad en la que impera el culto al cuerpo, se vierten opiniones sobre el aspecto físico de los demás con mucha ligereza y se busca un reconocimiento desmedido de lo externo. Además, los niños y adolescentes están, a través de las tecnologías, conectados al mundo adulto y se produce como un desajuste entre su parte más niña y las conductas de adultos que adoptan sin estar preparados para ello.

 

¿Qué papel tienen los amigos a estas edades?

Muy importante, tienen mucha influencia. Por esto es fundamental que la sociedad esté bien informada. Las personas con un trastorno alimentario no son personas superficiales que solo quieren estar guapas y por eso están pendientes siempre de su cuerpo y de agradar. Juzgarlas como si hubieran escogido el trastorno no las ayuda. Lo que sí lo hace es comprenderlas porque son personas con un gran dolor y sufrimiento, y con muy poco amor propio.

 

Como no se quieren a sí mismas, se castigan

Sí, viven prisioneras de su sentido crítico. Y viven su propio cuerpo como un enemigo.

 

¿Nuestra sociedad ha distorsionado la idea de salud?

Yo creo que, en nuestra sociedad, la línea entre salud y un trastorno alimentario es muy fina. En este sentido, la sociedad es cada vez menos sana. No deberíamos pensar que hay un único modelo de belleza ni alabarlo tanto, la industria de la moda debería ser más consciente de ello también, y todos deberíamos poner más el foco en la salud psicológica de las personas, que es lo que nos da el bienestar. Hacemos más comentarios sobre lo guapa que es una persona, o sobre lo delgada que está, que sobre lo feliz que se la ve y la alegría que transmite.

 

Nos hablan mucho de nutrición y deporte, pero poco sobre lo emocional

Así es, todos sabemos lo que hay que hacer para estar sanos físicamente, pero vamos muy perdidos a la hora de estar sanos psicológicamente.

 

Sigamos, entonces, dando más información. ¿Qué conductas deben alertarnos?

Las frases que denotan que no se ven bien, que no se sienten bien con su cuerpo, por ejemplo. También debe alertarnos que la persona empiece a hacer dietas, a no querer comer algunos alimentos, que coma menos, que no quiera comer lo que los otros miembros de la familia comen; que se dé un aumento en la actividad física, que se salte comidas o tire comida, que se vaya al baño después de las ingestas…

 

¿También hay cambios emocionales?

Sí, normalmente, las conductas que he comentado van acompañadas de tristeza, menos comunicación, autoexigencia, autocrítica, perfeccionismo y mucha preocupación por las notas del colegio.

 

Pero el perfeccionismo no es la causa

No, puede ser un factor que influya en su desarrollo, pero no la causa. Hay muchas personas perfeccionistas que nunca desarrollan un trastorno alimentario. Lo que se aprecia, como síntomas, son conductas de tipo obsesivo.

 

«Hay que pensar que, en las personas con anorexia, por ejemplo, el trastorno actúa como un escudo: la necesitan para sobrevivir emocionalmente»

 

¿Cómo afecta un trastorno alimentario a la persona que lo padece?

Es de los pocos trastornos psicológicos que puede poner en riesgo la vida de la persona, ya que afecta directamente a su salud. Un trastorno alimentario es un trastorno grave: los niveles de desnutrición de la anorexia pueden llevar a la muerte. Además, se presentan también problemas de ansiedad, depresión, aislamiento, puede haber abuso de drogas, conductas sexuales de riesgo, etc.

 

¿Son conscientes de que tienen un grave problema?

Normalmente, las personas con bulimia son más conscientes de ello, pero depende mucho de cada persona. A veces, cuando llegan a terapia, lo primero que hay que hacer es todo un trabajo para que tomen conciencia del problema. Hay que pensar que, en las personas con anorexia, por ejemplo, el trastorno actúa como un escudo: la necesitan para sobrevivir emocionalmente. Esta es la causa de que, en muchos casos, haya una gran afiliación en la anorexia: es tal el nivel de desprotección que sienten sin el trastorno, que no son capaces de entender el problema.

 

La persona con anorexia piensa que esta le hace bien

Sí, así es: la persona piensa que obtiene unos beneficios de la anorexia. Si entendemos que uno desarrolla anorexia porque necesita una protección emocional, se entiende que en estos pacientes se produzca un desplazamiento de todos los problemas que tienen a la comida: es más fácil calcular las calorías de un alimento y restringir comidas que afrontar lo que verdaderamente les preocupa y angustia.

 

¿Cómo puede ayudar la familia?

Si una familia está informada sobre estos trastornos, podrá ayudar en cuanto observe los primeros síntomas. Actuar enseguida es muy importante. Lo que ocurre es que muchas veces las familias de estos pacientes son familias con problemáticas y no están preparadas para lidiar con un trastorno de este tipo.

 

¿Ofrecéis acompañamiento y ayuda a los padres?

Sí, es muy necesaria para ellos. Piensa que el problema de sus hijos con la comida es algo que se presenta 3 o 4 veces al día, que se repite continuamente. Es muy complicado. Tienen que poder disponer de las herramientas y estrategias necesarias. Además, emocionalmente es muy duro acompañar a alguien con un trastorno alimentario. Hay que darles apoyo desde el conocimiento del trastorno y hacerlo con calidez porque van a tener que evitar sobreproteger a su hija o a su hijo, ser firmes en algunas cosas y, al mismo tiempo, hacerle saber que están ahí. La terapia familiar es el tipo de terapia que se ha mostrado más eficaz en el tratamiento de estos trastornos.

 

A algunos padres les debe costar entender por qué su hija o hijo tiene el trastorno

Por esto es esencial la psicoeducación: aunque hace mucho que tenemos conocimiento de estos trastornos, sabemos muy poco de ellos, de su base profunda, emocional. Es esencial que los padres entiendan por qué su hija ha desarrollado el trastorno y acompañarla en su proceso de recuperación de la salud.

 

Además de la psicoterapia, ¿el tratamiento requiere la intervención de otros especialistas?

Sí, el tratamiento debe ser multimodal: incluir a un nutricionista y, probablemente, a un psiquiatra. Lo primero que hay que hacer en estos casos es evaluar la gravedad del trastorno a nivel físico: cómo está afectando a la salud de su organismo. A partir de aquí hay que considerar qué tipo de tratamiento requiere. Si la persona está grave, tiene pocos recursos propios para ser consciente de su estado y está en riesgo su vida, hay que hacer un ingreso de 24 horas. Si, en cambio, la persona tiene más recursos y una familia que la acompaña, pero, por ejemplo, no puede hacer las comidas sola, será mejor la opción de un hospital de día. En los casos en que la persona dispone de recursos para cuidarse a sí misma y la comida no es el problema principal, lo que se hace es un tratamiento ambulatorio y, paralelamente, se va trabajando también con el nutricionista y el psiquiatra.

 

¿La recuperación es lenta?

Si realmente se hace un trabajo profundo, sí. Pero este trabajo profundo es necesario para que no haya recaídas o para que la persona no mantenga el trastorno de maneras sutiles en una edad más adulta. Optar por ciertas dietas, en un caso con anterior presencia de TCA, puede significar que la persona persiste en su objetivo de controlar la comida para no engordar y como forma de gestión emocional.

 

Si quieres hacernos una consulta sobre este tema, no dudes en ponerte en contacto con nuestro equipo de psicólogos.

 
Adicción a los videojuegos: qué le ocurre al cerebro y cómo evitarla

Adicción a los videojuegos: qué le ocurre al cerebro y cómo evitarla

El año pasado, La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyó la adicción a los videojuegos en su nueva clasificación de trastornos mentales. Esta decisión provocó polémica, pero la OMS la ha mantenido argumentando que los patrones de comportamiento que presentan las personas con este tipo de adicción provocan un deterioro significativo en las áreas de funcionamiento más importantes de su vida, como la personal, familiar, social y educativa. De hecho, en España, el número de afectados por la adicción a los videojuegos que acuden a tratamiento especializado se ha triplicado en los últimos 5 años.

 

¿Cuándo hablamos de adicción a los videojuegos?

 

La adicción a los videojuegos se define por una constante necesidad de jugar que se antepone a la realización de cualquier otra actividad y que hace sentir mal a la persona si no puede jugar. Como hemos dicho, esta necesidad llega a interferir de forma grave en su vida cotidiana.

 

En el caso de los niños y adolescentes, se irritan, e incluso pueden ponerse agresivos, cuando sus padres intentan limitar el tiempo que dedican a estos juegos; cada vez necesitan dedicar más horas a esta actividad para sentirse satisfechos (incluyendo horas de sueño), van perdiendo el interés por cosas que antes les gustaban, se aíslan en su cuarto para jugar, mienten para ocultar el tiempo que realmente dedican a los videojuegos y niegan que este tiempo sea excesivo cuando se les confronta con el tema. Además, como consecuencia, dejan de hacer los deberes, de quedar con sus amigos, de hacer vida familiar, etc.

 

Por qué el cerebro se vuelve adicto a los videojuegos

Adicción a los videojuegos: qué le ocurre al cerebro y cómo evitarla_Centro de Psicológos Impulsa

Obviamente, jugar un rato de vez en cuando a los videojuegos no supone una adicción. Estos juegos están diseñados para que las partidas no exijan una dedicación superior a los 40-60 minutos y, si no se excede este tiempo, es una actividad que divierte y descansa el cerebro. El problema se presenta cuando se excede este tiempo y esto se repite con frecuencia. Vamos a ver por qué: qué es lo que le pasa al cerebro para que se produzca la adicción.

El cerebro es flexible y plástico, cambia cada día en función de lo que hacemos, de lo que no hacemos y de nuestra interacción con el entorno. También busca el placer y evitar el dolor, así como aprender continuamente y superar retos. Esto significa que graba lo que le gusta y lo que no le gusta para que cuando volvamos a pensar en ello o volvamos a vivir la misma situación genere señales que nos estimulen a repetir o a evitar esas sensaciones.

 

«Los estudios neurocientíficos ya han demostrado que la dopamina se dispara en dosis elevadas al mirar las pantallas digitales y al jugar a un videojuego, de la misma forma que se dispara con todo lo que nos provoca placer»

 

Hay una serie de neurotransmisores, como la dopamina y la serotonina, que activan el llamado circuito de recompensa; un circuito que nos mueve a alimentarnos, a interesarnos por el conocimiento, a divertirnos, a relacionarnos con los demás, etc. Sin embargo, este circuito también se estimula con otras actividades y sustancias no recomendables, y cuando nos ponemos delante de una pantalla digital. Sí, los estudios neurocientíficos ya han demostrado que la dopamina se dispara en dosis elevadas al mirar las pantallas digitales y al jugar a un videojuego, de la misma forma que se dispara con todo lo que nos provoca placer: cuando nos abrazan, cuando escuchamos música, al bailar, fumar, beber alcohol o tomar drogas.

 

Jugar a un videojuego permite superar continuamente obstáculos y alcanzar metas, lo que provoca que el cerebro vaya segregando cada vez un mayor nivel de dopamina y endorfinas que le causan una notable sensación de placer y bienestar; sensaciones que el cerebro va a querer repetir con más frecuencia a no ser que intervenga la propia voluntad para interrumpir ese tipo de diversión “descontrolada” y dirigir su deseo hacia otra actividad, como el ejercicio físico, hacer cosas con las manos, relacionarse, etc. Por esta razón, el tiempo y la frecuencia que se dedica a jugar a los videojuegos es clave para no desarrollar una adicción. Además, hay que tener en cuenta que, así como jugar 40-60 minutos descansa el cerebro, cuando se supera este tiempo se produce el efecto contrario: se segrega un exceso de cortisol, dopamina y endorfinas, las neuronas se saturan y el cerebro se debilita; disminuye su capacidad para tomar decisiones, para mantener la voluntad, la atención y la concentración, y para ser consciente del tiempo.

 

La adicción a los videojuegos tiene solución

Adicción a los videojuegos: qué le ocurre al cerebro y cómo evitarla

Si has reconocido en tu hijo los comportamientos que hemos descrito, el primer paso para ayudarle a superar la adicción consiste en acudir a un especialista para que evalúe el caso y le ayude a tomar conciencia del problema, ya que la adicción a los videojuegos tiene solución. No obstante, como requiere medidas concretas en cada caso, no intentes abordar la situación tú solo/a castigándole, impidiéndole de forma tajante que juegue y enfrentándote a él, ya que así solo conseguirás que se aparte de ti. Lo importante es que cuando acudas al especialista con él sepas a qué tipo de juegos juega, cuánto tiempo dedica a jugar y con quién juega, pues cabe la posibilidad de que lo haga con otros niños con el mismo problema o con otros jugadores que le presionan para que juegue.

 

Si quieres hacernos una consulta sobre la terapia de adicciones, no dudes en ponerte en contacto con nuestro centro.

 

Fuentes:

Guía de la Dirección General de la Familia y el Menor Pasos para evitar la adicción a los videojuegos ¿Puedo ayudar a mis hijos a divertirse en la red?

 

«No divorciarse por los hijos no les ahorra sufrimiento, al contrario»

«No divorciarse por los hijos no les ahorra sufrimiento, al contrario»

El psicólogo Pau Novella está especializado en terapia familiar y, dentro de este ámbito, en la terapia de gestión de separaciones y divorcios. En esta entrevista nos explica por qué algunos de estos procesos de separación son tan traumáticos y cómo se trabaja en terapia para que las parejas puedan gestionar y cerrar bien esta etapa de su vida para abrir una nueva sin dañarse a sí mismos ni a los hijos.

 

España es uno de los países con mayor tasa de divorcios

Sí, es el segundo país de la Unión Europea con mayor tasa de divorcios y la mayoría de las parejas que se divorcian tienen hijos menores. Lo preocupante es que muchos de estos divorcios son contenciosos; es decir, son muy traumáticos para toda la familia. Este sufrimiento podría evitarse con una buena gestión de todo el proceso.

 

Parece inevitable que un divorcio sea traumático

No, en absoluto. Lo que ocurre es que algunas personas viven su divorcio como un duelo muy parecido al de la muerte y no levantan cabeza en muchos años, o quizá nunca. Se posicionan pasivamente delante de su sufrimiento.

 

¿Qué quieres decir?

Que se instalan en la queja teniendo en cuenta únicamente lo que hace el otro, sin querer revisar nada más. Esto resulta mucho más sencillo que ir al psicólogo y hablar de lo que les está ocurriendo para tratar de resolverlo. Quejarse de lo que hacen los demás no es una premisa de felicidad: es un síntoma de baja autoestima y de no haber hecho ningún trabajo personal.

 

¿Adoptan una posición de víctimas?

Sí, y no se plantean nada respecto a sí mismos. Son las personas que se lamentan con frases como “A mí siempre me dejan”, “Las relaciones no me duran nunca más de cuatro años”, etc. Si uno ha tenido cuatro o cinco relaciones que han terminado igual, hay que preguntarse qué ocurre.

 

Pero es duro cuando la separación no es de mutuo acuerdo

Yo creo que las relaciones humanas son como un viaje: uno debe saber con quién se va de viaje y adónde va. Si hay una persona que te está diciendo que no quiere hacer ese viaje contigo, no tienes otra opción que asumirlo, por muy duro que sea. Las relaciones se basan en la reciprocidad, en compartir y, sobre todo, en el respeto a la voluntad del otro.

 

«La evolución psicológica y personal se basa en eso: en aprender de nuestras relaciones. Hay quien no aprende nada de un divorcio»

 

¿Qué puede ayudar a asumirlo?

Ver la situación como una oportunidad para aprender. Escuchar muy bien qué es lo que a la otra persona la ha llevado a tomar la decisión y aprender de eso para no repetir el error. La evolución psicológica y personal se basa en eso: en aprender de nuestras relaciones. Hay quien no aprende nada de un divorcio.

 

Y hay quien escoge mal a su pareja una y otra vez

Sí, así es. Hay quien se sitúa en la vida como salvador y busca parejas instaladas en el rol de víctimas, y al revés. Estos roles todavía están muy presentes en nuestra sociedad: en los cuentos para niños, en algunos juguetes, etc. Se promueven valores que no tienen nada que ver con el amor: el atractivo físico, la posición económica o social, etc. Una relación de pareja siempre tiene que estar basada en la igualdad. Y para que perdure, cada uno tiene que cultivar sus aficiones, sus amistades propias, etc., además de hacer cosas en común. Si en una relación de pareja no hay oxígeno, te ahogas.

 

¿En qué estado emocional está la persona que toma la decisión de separarse?

A menudo, me encuentro pacientes que buscan la receta ideal para poder comunicarle a su pareja que quieren divorciarse: quieren encontrar las palabras adecuadas, el momento idóneo, etc. Pero no existe esta receta. Por otro lado, es casi inevitable que la persona que ha tomado la decisión de separarse no sufra: probablemente, sentirá que ha fracasado en su relación de pareja; una relación por la que en su día apostó. Todavía hay muchas personas que piensan que el amor debe durar toda la vida, pero esto no siempre es así: las personas evolucionamos y los sentimientos pueden transformarse. Ahora bien, que uno sienta que sus sentimientos han cambiado, no significa que no lo viva con tristeza. En una separación o divorcio siempre se pierden cosas.

 

«Nos han hecho creer que si el amor no es para siempre es un fracaso. Ese es el gran engaño»

 

¿Cómo se debería vivir un divorcio?

Un divorcio debería entenderse como un punto de inflexión en la vida, como el comienzo de una nueva fase del ciclo vital.

 

Pero no siempre es fácil

Nos han hecho creer que si el amor no es para siempre es un fracaso. Ese es el gran engaño. El amor hacia un hijo, o hacia una madre, sí es para siempre. Pero en una pareja, el amor dura mientras se siente y se mantiene vivo. A mí lo que más me duele como terapeuta es que una persona piense que ha fracasado en la vida porque su relación ha terminado. Es normal que pase un tiempo hasta que uno encuentra el modo de reconstituir su vida, pero ahí es cuando, si la situación sobrepasa nuestros recursos para gestionar la situación, hay que buscar ayuda especializada.

 

Antes de iniciar esa etapa nueva, ¿hay que cerrar algunas cosas bien?

Para iniciar una etapa nueva, primero hay que cerrar muy bien la relación que se ha terminado. Si ambos, mientras han estado juntos, han sido amigos, probablemente se respeten y eso les permitirá establecer un buen proceso comunicativo en el que prevalezca la sinceridad, se pongan todos los temas sobre la mesa y no se tenga como objetivo hacerle daño al otro.

 

¿Y si ese proceso comunicativo no es bueno?

Es cuando aparecen sentimientos muy negativos y se llega a situaciones dañinas, como la utilización de los hijos. Hay personas que no tienen la madurez psicológica ni afectiva para hacer frente a una situación de divorcio. La gente habla mucho del coste económico de los divorcios, pero en estos casos, el coste humano es enorme. Por eso hablo de respeto: respeto hacia uno mismo, hacia la persona que ha sido tu pareja hasta entonces, respeto a los hijos y al resto de la familia.

 

«Los adultos están sumergidos en su proceso de duelo, inmersos en su dolor, en su rabia o en su rencor, y pierden de vista el dolor que generan en sus hijos o, simplemente, no lo ven»

 

Hablemos de los hijos

Son los que reciben un mayor impacto y los más vulnerables en un proceso de divorcio. Hay que saber cómo comunicárselo en función de la edad que tengan y gestionar el proceso de separación teniendo presente que en los siguientes años de su vida se desarrollarán psicológica y afectivamente en función de cómo los padres hayan llevado a cabo el proceso. Y esto es algo que los padres no suelen hacer bien.

 

¿Por qué?

Porque los adultos están sumergidos en su proceso de duelo, inmersos en su dolor, en su rabia o en su rencor, y pierden de vista el dolor que generan en sus hijos o, simplemente, no lo ven. Es fundamental que el terapeuta recoja muy bien las emociones de cada uno de los cónyuges y que les transmita la importancia de que aprendan a tener una buena comunicación por el bien del futuro de sus hijos, tanto durante el proceso de divorcio como después. La responsabilidad de los padres de cara a ellos es muy grande. Yo recomiendo hacer una terapia, aunque sea breve, para que este proceso se realice bien.

 

¿Son necesarias muchas sesiones de terapia?

Normalmente, con cinco sesiones es suficiente. Son pocas, pero fundamentales: una mala separación puede tener un impacto devastador para los hijos.

 

¿Qué consecuencias tiene para los hijos?

Que esa familia se articulará alrededor de enormes perjuicios: se harán bandos de “buenos y malos” y los hijos se verán obligados a ser leales a un bando o a otro, lo que les causará un gran sufrimiento, ya que ese modelo relacional es el que ellos también seguirán en sus vidas, y no les hará felices. En otros casos, los mejores, los padres sí ven el dolor de sus hijos y lo traen a terapia. Pero eso no basta.

 

¿Por qué no es suficiente?

Porque yo puedo ayudar al hijo en su dolor, pero si sus padres no aprenden a gestionar su propio dolor, especialmente en la relación con sus hijos, seguirá habiendo dificultades. Por esto insisto en que la terapia familiar en la gestión de separaciones y divorcios es muy importante.

 

¿Llevar a terapia únicamente al hijo es una forma de escurrir el bulto?

Pues sí, así es. A los adultos les es muy fácil traer a su hijo a terapia en estas situaciones, pero les cuesta mucho venir ellos. Muchos padres creen que nuestro trabajo, como terapeutas, es decirles lo que tienen que hacer, pero ese no es nuestro cometido: nuestro trabajo es ayudarles a que saquen sus propios recursos para resolver bien la situación y también ayudarles a generar los cambios que les permitan vivir con plenitud en el futuro.

  Entrevista sobre terapia de gestión de separaciones y divorcios«No divorciarse por los hijos no les ahorra sufrimiento, al contrario»  

¿La gente todavía tiene prejuicios a la hora de ir al psicólogo?

Sí, todavía hay cierto temor al qué dirán, pero buscar ayuda es algo que no se deberían ni cuestionar en estas situaciones. Y hay algo más que me parece importante.

 

¿Qué es?

Que respetamos muy poco la voluntad de los demás. A veces, un adulto le comunica a sus padres y/o amigos que se quiere divorciar y en lugar de recibir su apoyo, empiezan a preguntarle si ya se lo ha pensado bien y a presionarle para que cambie su decisión. Esta falta de respeto a la voluntad de uno también la veo mucho en los adolescentes: no respetan la voluntad del otro. Y ocurre lo mismo en otro tipo de casos: con personas, por ejemplo, de cincuenta años o más que deciden cambiar de profesión y no encuentran apoyo en su familia.

 

¿La terapia de gestión de separaciones y divorcios es útil en otro tipo de casos?

Sí, por ejemplo, hay parejas que vienen a consulta de mutuo acuerdo porque están considerando la posibilidad de divorciarse: sus sentimientos se han enfriado o tienen problemas en su relación y quieren ver si esta es recuperable.

 

¿Algún caso más distinto?

Sí, veo muchas personas en terapia individual que querrían divorciarse, pero la situación económica que tienen se lo impide. Es una realidad frecuente y, en muchas ocasiones, tremenda. Estas parejas conviven, pero sin encontrarse: no son compañeros, no tienen una relación de confianza ni de amistad. Y viven así muchos años o toda la vida. En las generaciones anteriores esto ocurría a menudo, aunque se silenciara. Hoy la sociedad ha cambiado mucho en lo que a los prejuicios sobre el divorcio se refiere, pero, desgraciadamente, la situación económica actual provoca que haya parejas que no pueden divorciarse. Una situación así puede provocar mucha amargura y, normalmente, los más perjudicados son los hijos.

 

«Que un hijo no vea a su padre o a su madre feliz es nefasto: es darle un modelo de patrón relacional equivocado que, probablemente, le impida ser feliz»

 

Pero también hay parejas que dicen no separarse por el bien de los hijos

Esto es un autoengaño. Y es cruel.

 

¿Por qué es cruel?

Porque si tú no estás bien con tu pareja, tu hijo lo va a notar. Que un hijo no vea a su padre o a su madre feliz es nefasto: es darle un modelo de patrón relacional equivocado que, probablemente, le impida ser feliz. Cuando la pareja no funciona, decidir no divorciarse por los hijos no les ahorra sufrimiento, al contrario. Los hijos se dan cuenta de todo, sobre todo, a partir de la adolescencia.

 

¿Pueden sentirse utilizados?

Desde luego. Estas parejas están abocadas a poner a sus hijos en medio del conflicto. Y de una manera sistemática porque, lo más probable es que su comunicación empeore con el transcurso del tiempo.

 

Si quieres hacernos una consulta sobre este tema, no dudes en ponerte en contacto con nuestro equipo de psicólogos.

 

El niño interior es nuestro historial emocional, por eso nos afecta tanto_Impulsa Psicología y Psicopatología

El niño interior es nuestro historial emocional, por eso nos afecta tanto

Todos los adultos conservamos en nuestro interior lo que la psicología humanista denomina el niño interior: nuestro yo más íntimo, donde residen nuestras emociones más profundas.

 

El niño interior es nuestro historial emocional, por eso nos afecta tanto

Qué es el niño interior

 

A diferencia de lo que podría parecer, el niño interior no hace referencia a nuestra parte más niña en un sentido infantil: es una imagen o metáfora que se utiliza para designar nuestra capa emocional más vulnerable, la que, normalmente, no mostramos al mundo; una capa tejida con las emociones que hemos ido almacenando desde la infancia.

 

Luces y sombras del niño interior

 

En el niño interior están nuestros miedos, inseguridades y heridas, pero también nuestro ser más genuino y positivo que ha sido reprimido. “Al nacer, somos muy auténticos: no ponemos un muro de protección entre el mundo y nosotros. Sin embargo, a medida que recibimos la educación de la familia, la escuela y la sociedad, nos lo creamos inconscientemente”, explica la psicóloga de nuestro centro Noemí Guillamón.

El niño interior es nuestro historial emocional, por eso nos afecta tanto

“Hay adultos que han perdido su espontaneidad y la alegría porque en algún momento, de niños, se les dio a entender que no era bueno que mostraran esa parte más luminosa o, simplemente, se les reforzó la seriedad en lugar de la alegría, por ejemplo”, añade la psicóloga. Y es que, la mayoría de los padres moldean a sus hijos para que no hagan una serie de cosas con frases como “Bájate de ahí”, “En la mesa no se canta”, “Si estudias esta carrera, no tendrás salidas profesionales”, etc. Y con los amigos, muchas veces también nos sentimos obligados a renunciar a algunos aspectos de nuestro verdadero yo para que nos acepten en el grupo. Todas estas emociones negativas y la parte más genuina de nuestro yo a la que hemos renunciado es lo que somos emocionalmente, es nuestro ser más auténtico.

 

La psicoterapia nos ayuda a rescatar al niño interior

 

Aunque es nuestra parte más profunda, el niño interior afecta a todos los ámbitos de nuestra vida y, sobre todo, surge en las relaciones de mayor intimidad: las que establecemos con nuestros hermanos, padres, hijos, pareja, etc. Cuanta más intimidad hay en una relación, más se manifiesta, porque es cuando ese niño interior se puede sentir más vulnerable. Aparecen las necesidades que no han sido cubiertas, nuestras demandas más caprichosas, lo que nos angustia y asusta, etc. Y en la relación de pareja es donde suele cobrar más protagonismo: esperamos, erróneamente, que el otro cubra nuestras carencias, que adopte el rol de padre o de madre en lugar del de pareja. “Esto ocurre porque desde el niño interior estamos necesitando que alguien nos consuele y proteja debido a que no sabemos hacerlo nosotros. En todo adulto queda un remanente de ese niño. Lo positivo es que con la psicoterapia podemos acceder a él para trabajar tanto las emociones negativas como para recuperar el entusiasmo ante la vida”, afirma Noemí Guillamón.

El niño interior es nuestro historial emocional, por eso nos afecta tanto

El niño interior es nuestro historial emocional, por eso nos afecta tanto: nos da miedo exponernos a que los otros nos vean tal y como somos, con nuestras heridas. Lo saludable es no darle la espalda y trabajar lo que sea necesario para poder ser coherentes con nuestro yo.

 

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«Todos tendemos a adoptar el rol de víctima, salvador o perseguidor»

«Todos tendemos a adoptar el rol de víctima, salvador o perseguidor»

La psicóloga Noemí Guillamón nos explica en esta entrevista que todas las personas, en mayor o menor medida, tendemos a adoptar en circunstancias en las que nos sentimos amenazados uno de estos roles: el de víctima, salvador o perseguidor.

¿Cómo se comporta una persona que ha adoptado el rol de víctima?

Cuando una persona adopta el rol de víctima en la vida, piensa que es el centro del universo y que todos los demás la tienen que salvar. Cree que los otros están ahí para cubrir sus necesidades. Como los demás no lo hacen, porque la vida no funciona así, se siente mal.

¿Qué ocurre entonces?

Se enfada porque los demás no le prestan la atención que espera, porque cree que los demás no la entienden, porque no hacen lo que ella desea, etc.

«La posición de víctima está muy relacionada con la incapacidad de la persona para hacerse responsable de su vida»

¿Por qué se adopta este rol?

En el fondo, lo que hay ahí es una necesidad de reconocimiento, de recibir cuidados, de que alguien tome las decisiones por uno. La posición de víctima está muy relacionada con la incapacidad de la persona para hacerse responsable de su vida.

¿Estas personas creen, aunque no sea cierto, que en su infancia no recibieron los cuidados que necesitaban?

Sí, pero es una creencia muy inconsciente: el proceso mental no es consciente. El hecho de no haber tenido cubiertas necesidades básicas durante la infancia que están muy relacionadas con la autoestima puede causar que la persona, de adulta, adopte este rol. Pero no siempre se da esta relación directa. Una persona que adopte el papel de salvador también puede tener carencias relacionadas con su infancia.

¿Cuál sería la diferencia?

La persona que se hace la víctima justifica su comportamiento con la idea de que la vida no la ha tratado bien. Es la excusa, y se escuda en ella. Pero todos podemos tener heridas y no por eso adoptamos necesariamente ese rol.

¿Las personas que van de víctimas coaccionan a los otros emocionalmente?

Sí, de hecho, lo que hacen es intentar manipular al otro: si tú no haces lo que yo quiero, me enfado y me siento mal.

¿Es una forma de control?

Sí, porque el objetivo es que el otro haga lo que yo quiero. Este tipo de relaciones no son sanas y acaban rompiéndose o volviéndose muy tóxicas.

«A un salvador, la dependencia del otro le da seguridad. Por eso busca personas dependientes»

Y el rol de salvador, ¿cuál es?

Las personas que adoptan este rol lo que hacen es anteponer las necesidades de los otros a las suyas propias. En el fondo, actúan así porque buscan ser necesitados. Necesitan que los demás los necesiten. A un salvador, la dependencia del otro le da seguridad. Por eso busca personas dependientes.

¿Los salvadores tienen una gran carencia de afecto?

Sí, de afecto y de reconocimiento. Y creen que, si anteponen las necesidades del otro, este otro los querrá. Lo cierto es que pagan un precio muy alto, ya que se olvidan de sí mismos. Normalmente, víctima y salvador tienden a juntarse.

¿Qué dinámica se establece entre víctima y salvador?

Se establece una relación de dependencia emocional: yo dependo de ti porque el hecho de cubrir tus necesidades hace que me sienta querido por ti, y tú dependes de mí porque necesitas que alguien te las cubra.

Peligroso

Sí, porque acaba desgastando mucho y no es una dinámica sana.

«El perseguidor ataca al otro: como tú no has hecho lo que yo quería, ahora te persigo intentando hacerte daño»

¿Y el perseguidor? ¿Qué caracteriza este rol?

El perseguidor está muy vinculado a los otros dos roles y cierra el círculo. Muchas veces, cuando la víctima siente que no se satisfacen sus deseos, lo que hace es enfadarse, y desde ahí adopta una posición marcada por el odio. El perseguidor ataca al otro: como tú no has hecho lo que yo quería, ahora te persigo intentando hacerte daño.

¿Siempre adoptamos el mismo rol o lo cambiamos en función de las circunstancias?

En cada persona predomina más un rol que otro. Todos tenemos tendencia a adoptar en la vida uno de los tres que he explicado, aunque los más habituales son los de víctima y salvador; el de perseguidor es más una consecuencia de estos. No obstante, dependiendo de las personas con las que nos relacionamos y de las circunstancias, podemos adoptar uno u otro. Y suele pasar que comenzamos el triángulo con un rol y en la misma situación pasamos por los diferentes papeles. Por ejemplo, primero actuando desde el salvador, luego pasando a la víctima y, por último, al perseguidor: te salvo para conseguir algo, pero si no lo consigo me enfado, me siento mal y luego busco vengarme, paso por los tres roles en la misma situación.

¿Puedes poner otro ejemplo?

Una persona que, debido a una infancia complicada, haya terminado adoptando el rol de salvador con su madre, por ejemplo, pero que con su pareja adopta el rol de víctima. O el de una persona que en pareja adopta el rol de víctima y, en cambio, con sus amigos adopta el de salvador: les dice continuamente lo que deberían hacer, lo que no, etc.

«En muchos casos, las personas que, por ejemplo, adoptan el papel de víctimas lo hacen porque de pequeños vieron que su padre o su madre lo adoptaban. Solemos repetir patrones de comportamiento. Cargamos con mochilas que no nos hacen sentir bien»

¿Por qué adoptamos estos roles?

Porque no somos capaces de hacernos cargo de lo que necesitamos para estar bien. Cuando entramos en este triángulo, no estamos atendiendo esas necesidades.

«Todos tendemos a adoptar el rol de víctima, salvador o perseguidor»

¿Puedes explicar esto último un poco más?

Lo que en psicoterapia humanista denominamos “el niño interior” tiene una serie de deseos, heridas, miedos, etc. que nadie está satisfaciendo: los demás no lo hacen porque ese no es su papel y nosotros, por alguna razón, no estamos siendo capaces de hacernos cargo de nosotros mismos.

¿Cuáles son las repercusiones?

Para estar emocionalmente bien, debemos ser capaces de responsabilizarnos de nuestra vida. Tenemos que poder sostenernos sin esperar que sean los otros quienes solucionen nuestros miedos, inseguridades, heridas, etc.

¿Y si uno se ve incapaz?

Esto es distinto. Si uno ve que no puede hacerlo por sí mismo, entonces es cuando debe pedir ayuda.

¿Cómo se ayuda en terapia?

El primer paso es tomar consciencia, que la persona identifique el rol que ha adoptado. El hecho de darse cuenta de cómo uno actúa con sus amigos, hermanos, padre, madre, hijos, etc., ya implica cambios porque enseguida te planteas si quieres eso en tu vida o no. Si actuar de este modo te dificulta la vida y tiene consecuencias que no deseas, lo más probable es que quieras cambiarlo.

¿Qué otros aspectos se trabajan en terapia?

También hay que ver por qué la persona está actuando así, identificar la causa. En muchos casos, las personas que, por ejemplo, adoptan el papel de víctimas lo hacen porque de pequeños vieron que su padre o su madre lo adoptaban. Solemos repetir patrones de comportamiento. Cargamos con mochilas que no nos hacen sentir bien.

¿En el ámbito laboral también adoptamos estos roles?

Sí, hay quien nunca sabe cómo hacer las cosas, siempre está preguntando a los otros cómo hacerlas, se queja de que solo le dan ciertas responsabilidades, cree que el jefe le tiene manía…sería el caso de la persona que adopta el rol de víctima. Después, están las personas que, con condescendencia, dicen cosas que denotan su rol de salvador, como “Ya lo hago yo, que tú estás muy cansada, no te preocupes”. En el fondo están diciendo: “Yo soy mejor que tú” o “Yo soy más capaz que tú, por eso te salvo, tranquila”.

Y el perseguidor, ¿cómo actúa en el trabajo?

El perseguidor, en el trabajo, es el que boicotea. Es el que constantemente está poniendo pegas al trabajo de los demás, el que todo lo ve mal. Es el castrador.

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¿Los lunes vuelves al trabajo igual de estresado que el viernes? Lee esto_Impulsa psicólogos Barcelona

¿Los lunes vuelves al trabajo igual de estresado que el viernes? Lee esto

Los fines de semana deberían servirnos para desconectar de las obligaciones y volver a empezar la semana renovados. Sin embargo, muchas personas, cuando llega el lunes, se sienten igual de preocupadas y estresadas que el viernes anterior. De hecho, solo consiguen desconectar de verdad en vacaciones. Pues bien, en Estados Unidos han llevado a cabo un estudio (publicado en Harvard Bussines Review) que demuestra que, si hacemos un pequeño cambio de mentalidad durante los fines de semana, podemos conseguir durante estos dos días no laborables el mismo impulso emocional que nos proporcionan unas vacaciones tradicionales, y sin hacer nada extraordinario que suponga un gasto adicional.

 

Estados Unidos, un país óptimo para llevar a cabo el estudio

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Estados Unidos es el único país del mundo industrializado en el que no existen, legalmente, las vacaciones obligatorias: uno de cada cuatro empleados no tiene días de vacaciones pagadas y más de 50 % de los que los que sí los tienen no los utilizan. No obstante, como la mayoría de los estadounidenses sí se toma los fines de semana libres, los investigadores querían ver si había alguna manera de ayudar a las personas a que puedan aprovechar estos dos días de la semana para disfrutar de las ventajas potenciales que obtendrían en unas vacaciones tradicionales (otros estudios previos hechos por el mismo grupo de trabajo en cientos de miles de estadounidenses mostraban que las personas que priorizan las vacaciones son mucho más felices: tienen más emociones positivas, menos emociones negativas y están más satisfechas con su vida).

 

El estudio: plantearse los fines de semana como si fueran vacaciones, aumenta nuestra felicidad

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Primero realizaron una investigación con 400 estadounidenses: a la mitad de ellos les dieron instrucciones para que pasaran el fin de semana como uno más, sin que tuvieran que hacer nada diferente a lo habitual (grupo de control). A la otra mitad le pidieron algo muy simple: que se plantearan el fin de semana como las vacaciones, sin darles ninguna directriz más. Cuando todos volvieron al trabajo el lunes, las encuestas sobre bienestar que les realizaron mostraron claramente que este segundo grupo había vuelto al trabajo significativamente más feliz, y sin haber gastado dinero adicional.

Posteriormente, repitieron el estudio con 500 personas diferentes, pero midiendo, además, su felicidad durante el fin de semana, la manera en la que habían pasado el tiempo y en qué grado habían estado presentes mentalmente durante esos dos días. De nuevo, los que habían tratado el fin de semana como unas vacaciones regresaron al trabajo mucho más felices.

Esta segunda investigación también midió el nivel de bienestar de todos los participantes durante el fin de semana: en el segundo grupo, el de los vacacionistas, este nivel era mucho más alto.

 

¿Por qué plantearse el fin de semana como unas vacaciones aumenta la felicidad?

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Si los vacacionistas aumentaron su bienestar el fin de semana no fue porque se quedaron en la cama con su pareja un poco más de lo habitual, porque hicieron menos tareas domésticas y comieron algo más de lo acostumbrado (cosas que hicieron): fue porque durante las actividades que realizaron estuvieron más atentos al momento presente. La mentalidad vacacional con la que se plantearon el fin de semana produjo el efecto posterior en la felicidad que experimentaron durante esos dos días y al lunes siguiente.

Los investigadores aseguran que este efecto del cambio de mentalidad es tan potente debido a que se presta más atención al entorno, a lo que hacemos en cada momento y a las personas con las que realizamos las actividades en cuestión; de tal modo que, como no dedicamos los pensamientos al pasado ni nos angustiamos por el futuro, estamos más abiertos a disfrutar del ambiente y de las experiencias.

Asimismo, aseguran que, aunque no podamos tomarnos todo un fin de semana, nos podemos beneficiar igualmente de esta mentalidad de vacaciones estando presentes, como lo haríamos en vacaciones, durante el tiempo libre del que sí dispongamos: se trata de conseguir romper la rutina bajando el ritmo del día a día, agregando elementos nuevos que hagan divertidas las cosas cotidianas, apreciando el tiempo libre del que disponemos y siendo conscientes de las actividades de ocio que realizamos. Esto es lo que nos permite descansar y recuperarnos del estrés.

 

Cómo aprender a vivir el momento presente

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Cuando se sufre estrés o ansiedad, no es fácil conseguir aislar los pensamientos negativos que inundan continuamente la mente, y se tiende a realizar juicios sobre ellos que incrementan el estrés. En nuestro centro enseñamos la práctica del mindfulness o atención plena como herramienta para, precisamente, aprender a experimentar el momento presente con plena conciencia y reconocer los pensamientos negativos sin enjuiciarlos. El mindfulness, además, no solo es eficaz para disminuir y contrarrestar el estrés, su práctica ayuda a gestionar mejor las emociones y a aumentar la capacidad de concentración, la memoria y la productividad.

En este artículo que publicamos hace unas semanas también encontrarás información específica sobre los beneficios del mindfulness en el tratamiento de la depresión.

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¿Cuándo hablamos de celos patológicos en la relación de pareja?_Impulsa centro de psicólogos en Barcelona

Los celos patológicos en la relación de pareja

Los celos: un sentimiento natural, siempre que no sobrepasen ciertos límites

 

 

Aunque no nos guste reconocerlo, todos hemos experimentado alguna vez el sentimiento de los celos: celos de un hermano, de un amigo, de un compañero de trabajo o de nuestra pareja. Este sentimiento, cuando es puntual y no sobrepasa ciertos límites, es natural: en un momento de inseguridad podemos interpretar erróneamente la conducta de los seres que son importantes para nosotros y sacar la conclusión equivocada de que una tercera persona está reemplazando nuestro lugar.

 

 

¿Cuándo hablamos de celos patológicos en la relación de pareja?

 

«Cuando los celos son irracionales, la persona que los sufre no puede gestionar sus emociones y el sentimiento va acompañado de conductas dañinas para uno mismo y para la pareja, es cuando hablamos de celos patológicos»

 

Los celos patológicos en la relación de pareja_Impulsa Psicólogos

 

 

En las relaciones de pareja es normal que en algún momento experimentemos el temor a perder al otro, el miedo a que la relación termine; como es normal que sintamos celos si la otra persona nos ha dado motivos objetivos para ello siendo infiel, por ejemplo (en el caso de que no hayamos acordado mantener relaciones con terceras personas). Ahora bien, cuando los celos son irracionales, cuando la persona que los sufre no puede gestionar sus emociones y el sentimiento va acompañado de conductas dañinas para uno mismo y para la pareja, es cuando hablamos de celos patológicos.

En la mayoría de los casos, los celos patológicos son producto de una baja autoestima que provoca la dependencia afectiva del otro: la pareja se convierte en la persona que compensa las carencias de uno. Esto hace que se la quiera poseer, como si la pareja fuera una propiedad. De hecho, todavía perdura en nuestra sociedad una concepción del amor romántico que normaliza los celos: algunas personas los entienden como una prueba del amor y la pasión del otro. Por eso aceptan que su pareja ejerza comportamientos de control hacia ellas.

 

 

«Normalmente, las personas que sufren celos patológicos no los manifiestan al inicio de una relación. Los síntomas se van presentando de manera sutil a medida que esta avanza»

 

 

Asimismo, esta concepción insana del amor se está trasladando en los últimos años a muchos adolescentes, según los datos de los últimos estudios al respecto. Y aunque no podemos responsabilizar a las nuevas tecnologías de los comportamientos controladores (somos las personas las que decidimos utilizar bien o mal las tecnologías), es una realidad que las redes sociales facilitan que los chicos y chicas que no entienden las relaciones de una forma igualitaria intenten utilizarlas con estos fines.

 

 

Cómo actúan las personas que sufren celos patológicos

Los celos patológicos en la relación de pareja_Impulsa Psicólogos

 

Normalmente, las personas que sufren celos patológicos no los manifiestan al inicio de una relación. Los síntomas se van presentando de manera sutil a medida que esta avanza: empiezan a mostrar rasgos de inseguridad, de baja autoestima, de dependencia afectiva, miedo a la soledad, desconfianza infundada en la pareja, incapacidad para atender a los razonamientos lógicos que se les ofrecen, intolerancia a la vida social y familiar del otro, sentimiento de abandono, obsesión por el pasado sentimental de la pareja e irascibilidad, hasta que sienten la necesidad de controlar por completo la vida de su pareja: sus amistades, su actividad en las redes sociales, las llamadas y mensajes telefónicos, adónde van, sus opiniones, su forma de vestir, la relación con su familia, etc. Al final, cualquier cosa que haga o diga su pareja puede convertirse en un pretexto para provocar una discusión.

Estos comportamientos de control y acoso, en los que el chantaje emocional suele estar muy presente, hay que entenderlos claramente como un tipo de agresión psicológica. En los casos más graves, además, el daño psicológico puede ir acompañado de agresiones físicas. Es fundamental comprender que, sea cual sea el grado de celotipia, los celos son un signo evidente de que la persona que los sufre no ha podido construirse una identidad sana que le permita establecer una buena relación de pareja basada en la confianza y la libertad y el respeto al otro; elementos esenciales en cualquier relación.

Los celos patológicos en la relación de pareja

 

Del mismo modo, hay que entender que estas personas necesitan recurrir a un especialista que las ayude a poder determinar la causa de su celotipia y a trabajar a partir de ahí los aspectos emocionales necesarios para construir la confianza en sí mismos y dejar de depender emocionalmente de su pareja. De otro modo, su obsesión por conservarla solo conseguirá prolongar su propio sufrimiento, dañar gravemente a la otra persona y poner en peligro la relación de pareja.

También es importante incidir en que en ningún caso una persona debe permitir que su pareja tenga sentimientos de posesión hacia ella: nadie tiene el derecho de controlar nuestras emociones y coartar nuestra libertad. Además, hay que tener en cuenta que cuando una persona permite que su pareja controle sus correos electrónicos, redes sociales, llamadas, amistades o actividades para “tranquilizarla”, está fomentando su desconfianza. Si se permiten estos comportamientos, hay que preguntarse también por qué y buscar ayuda especializada.

Los celos no son una demostración de amor, sino un síntoma de inestabilidad emocional que se manifiesta como miedo irracional y destructivo a perder a la persona que se ama.

 

 Si quieres hacernos una consulta sobre este tema, no dudes en ponerte en contacto con nuestro equipo de psicólogos.

Ir al psicólogo nos ayuda a vivir mejor, aunque no suframos una psicopatología

Ir al psicólogo nos ayuda a vivir mejor, aunque no suframos una psicopatología

Muchas personas todavía piensan que solo es necesario buscar la ayuda especializada de un psicólogo cuando se sufre una enfermedad mental. Sin embargo, las competencias de estos especialistas son mucho más amplias, por lo que ir al psicólogo nos puede ayudar a aprender a vivir mejor, aunque no suframos una psicopatología o no hayamos pasado por una situación traumática. Vamos a ver por qué.

 

«Las relaciones familiares y sociales son necesarias y cumplen una función muy importante en nuestra vida, pero no pueden suplir la función de un psicólogo.  Las sesiones de psicoterapia no son charlas de café»

 

De pequeños, no nos enseñan a gestionar nuestras emociones, ni cursamos asignaturas para aprender a desarrollar herramientas que nos permitan gestionar bien los conflictos cotidianos. Así que es normal que, en ocasiones, no dispongamos de los recursos personales adecuados para solventar los problemas que, inevitablemente, forman parte de la vida. Y, a menudo, también ocurre que la ayuda de las personas de nuestro entorno no es suficiente. “Las relaciones familiares y sociales son necesarias y cumplen una función muy importante en nuestra vida, pero no pueden suplir la función de un psicólogo.  Las sesiones de psicoterapia no son charlas de café”, señala Sílvia Raset, la directora de nuestro centro.

 

Por qué un psicólogo nos puede ayudar a vivir mejor

 

«El psicólogo le brinda a la persona el tiempo, el espacio y las condiciones para poder desarrollar toda su estructura de pensamiento y sus sentimientos»

 

Los conocimientos que un psicólogo tiene sobre la mente, el comportamiento y las emociones humanas no son los que tiene una persona de a pie. Su formación y experiencia le dotan de unas herramientas de evaluación y diagnóstico de las que carecen las personas que no lo son. Sin duda, este aspecto es fundamental, pero hay otros que también son esenciales:

 

  • Un psicólogo escucha, evalúa las situaciones e interviene desde la objetividad: al ser alguien que no forma parte de nuestro círculo, la postura que adopta es neutra. Esto le proporciona la posición adecuada para tratar los problemas del otro.

 

  • El psicólogo ofrece un espacio de escucha activa: no está esperando a que uno termine de hablar para decir algo sobre su propia vida, sino que está centrado exclusivamente en lo que la persona le está diciendo. Esto tiene un gran valor para quien necesita expresarse y no puede hacerlo de forma abierta en otro ámbito.

 

  • El psicólogo ofrece un espacio de acompañamiento en el que no se juzga a la persona, lo cual es difícil que se produzca con un familiar o amigo.

 

“Imagínate que un psicólogo le dijera a un paciente que no se preocupe, que ya se arreglará todo. Una respuesta así, que es la que solemos obtener de familiares y amigos, bloquearía su discurso y su expresión emocional. En cambio, el psicólogo le brinda a la persona el tiempo, el espacio y las condiciones para poder desarrollar toda su estructura de pensamiento y sus sentimientos. Muchas personas, por el hecho de ir al psicólogo, se ordenan internamente”, prosigue Sílvia Raset.

 

El espacio terapéutico va más allá de buscar soluciones a problemas

 

Cuando afrontamos un problema es normal que, a veces, sintamos cierto malestar hasta que logramos solventarlo. No obstante, deberíamos poder evaluar en qué ocasiones la intensidad de una situación nos desborda y afecta a nuestro bienestar, porque no se trata de aguantar la angustia dando por hecho que la vida es un camino por el que siempre, cada día, es difícil transitar.

 Ir al psicólogo nos ayuda a vivir mejor, aunque no suframos una psicopatología

 

Sin duda, hay diferentes orientaciones psicológicas que están enfocadas a encontrar soluciones a los problemas de los pacientes. Algunas, como la terapia breve estratégica, se enfoca a las soluciones, en lugar de centrase en los problemas, por lo que con este tipo de terapia se acorta notablemente el proceso terapéutico. Otras, en cambio, se plantean a largo plazo porque suponen un proceso de gran introspección, como el psicoanálisis. Pero, aunque existan diferentes orientaciones, también es cierto que el espacio terapéutico va más allá del objetivo acotado y concreto de encontrar soluciones a un problema determinado. Como decíamos, puede servir como espacio de acompañamiento y autoconocimiento para validar ideas, experiencias, emociones, objetivos, dudas vitales, situaciones de tipo relacional y proyectos de vida, así como para  favorecer que la persona se pueda estructurar. El mero hecho de disponer semanalmente de un espacio propio como es el espacio terapéutico es de por sí muy saludable.

 

Iniciar un proceso terapéutico requiere valentía

 

Algunas personas, por su tipo de personalidad, son reacias a acudir a un psicólogo, a pesar de que no consiguen solucionar los conflictos que tienen. Y es que acudir a un especialista tiene una implicación importante: asumir que se necesita ayuda; lo cual, a su vez, implica reconocer la existencia de un problema y también que uno no ha sido capaz de solucionarlo. Esto les hace sentir su propia vulnerabilidad y por eso construyen esta cadena de negación.

 Ir al psicólogo nos ayuda a vivir mejor, aunque no suframos una psicopatología

 

De hecho, para llegar a tomar la decisión de buscar la ayuda de un psicólogo, es necesario ser consciente y ser valiente, ya que la psicoterapia requiere realizar un trabajo de introspección. Hay que estar dispuesto a ser coherente con lo que descubramos de nosotros mismos y de nuestra vida porque el proceso terapéutico es un proceso de cambio: si no hay cambio, no hay mejoras. Y los cambios pueden asustar porque implican salir de nuestra zona de confort. “Algunas personas prefieren quedarse como están a modificar aquello que les produce malestar y que solucionaría lo que no va bien en su vida, porque hacerlo exige realizar cambios sustanciales y, en algunos casos, modificar las bases de nuestra vida”, explica Sílvia Raset.

 

Vivimos en una sociedad que nos aleja de nuestro yo

Ir al psicólogo nos ayuda a vivir mejor, aunque no suframos una psicopatología

 

«Cabe preguntarse si las personas sanas están viviendo en una sociedad enferma, si el individuo termina enfermando para poder adaptarse a esta sociedad»

 

En la última década, se ha triplicado el consumo de antidepresivos en España y han aumentado notablemente las bajas laborales por ansiedad y depresión. Estos datos son muy significativos. “Cabe preguntarse si las personas sanas están viviendo en una sociedad enferma, si el individuo termina enfermando para poder adaptarse a esta sociedad. Es una situación grave a nivel macro. Hay personas, por ejemplo, que se han visto atrapadas por las exigencias de la sociedad actual, las cuales están orientadas a los resultados y al éxito. Se han focalizado en el logro de los objetivos profesionales, pero se han desconectado de sí mismas. Han puesto todos sus recursos en un área muy concreta y las otras se han deteriorado. Por esto es fundamental revisar lo que es importante para uno, más allá de lo que el entorno nos demanda. Alejarnos de nuestro yo tiene consecuencias. Necesitamos reequilibrarnos reconectando con nosotros mismos y la ayuda de un psicoterapeuta ofrece las herramientas para poder hacerlo”, concluye Sílvia Raset.

 Si quieres hacernos una consulta sobre este tema, no dudes en ponerte en contacto con nuestro equipo de psicólogos.

 

Entrevista: «La adolescencia es una etapa de duelos»_Impulsa Psicología

Entrevista: «La adolescencia es una etapa de duelos»

La psicóloga infanto-juvenil Sara Expósito nos explica en esta entrevista por qué la adolescencia es una etapa complicada para muchos chicos y para sus padres, y cómo estos deberían gestionar los problemas más habituales.

 

¿Qué es lo que caracteriza la etapa de la adolescencia?

La adolescencia es una etapa vital de puente, porque un adolescente ya no es un niño, pero tampoco es todavía un adulto. Esto provoca que sea una etapa muy ambivalente y contradictoria para ellos. Las contradicciones en las que viven pueden crearles malestar y algunas crisis.

 

¿Cuáles son los problemas más habituales de los adolescentes?

Son muy variados. En la adolescencia los chicos se están construyendo como personas, están acabando de crear su identidad y afirmándola; viendo lo que les gusta de ella y lo que no, lo que quieren modificar, y pensando en cómo quieren que sea su vida. En esta etapa, además, las relaciones sociales toman mucha importancia: puede haber conflictos de liderazgo con los amigos, ausencia de amistades, etc. Y también suele haber problemas de comunicación en casa porque hay discrepancias con los padres.

 

¿Cuáles son los mitos sobre la adolescencia que deberíamos desterrar?

Bueno, hay esa idea de que a los adolescentes no les importa nada, que son muy egoístas, que van a lo suyo, etc.

 

¿Y no es así?

Estos comportamientos, normalmente, responden exclusivamente al momento vital que están viviendo. Los adolescentes necesitan experimentar y probar cosas nuevas porque se están construyendo como personas, y esto puede provocar rifirrafes con los adultos que representan la autoridad.

 

¿Por eso los vemos como temerarios e impulsivos?

La impulsividad es poner la acción por delante de la razón, del pensamiento. Esto puede caracterizar a algunos adolescentes y, entonces, estos comportamientos ya nos deben dar información a tener en cuenta. Pero hasta cierto punto, la impulsividad y el no pensar en las consecuencias de lo que se hace es normal en la adolescencia: están viendo qué es lo que les gusta y lo que quieren, necesitan probar.

 

«Es normal que se hagan preguntas y que tengan dudas porque, además, los cambios físicos no siempre van en paralelo al proceso de madurez psicológica»

 

También se dice que los adolescentes suelen estar de mal humor y que son muy susceptibles

Sí, en esta etapa están como más replegados en sí mismos, reclaman más privacidad e intimidad que cuando eran niños y dar menos explicaciones porque necesitan ese espacio propio para poder definirse, para poder crecer y evolucionar.

 

¿Qué ocurre si no disponen de ese espacio vital?

Cuando los padres están muy encima de un adolescente, no le dejan hacer nada y se muestran excesivamente preocupados, no le ayudan a hacer el proceso que debe hacer. Ese “cortarle las alas” puede provocar un parón que no es natural en esta etapa.

 

¿Por qué suelen estar como ausentes?

Están evaluando muchas cosas: reflexionan sobre el niño o niña que eran y que están dejando atrás, revisan y actualizan lo que quieren conservar de la infancia y lo que quieren cambiar (la música, las aficiones, los amigos con los que iban, etc.). De hecho, la adolescencia es una etapa de duelos.

 

¿Duelos?

Sí. Están dejando atrás su cuerpo infantil, por ejemplo, y organizando en su mente los cambios, que no siempre son fáciles de asumir. Es normal que se hagan preguntas y que tengan dudas porque, además, los cambios físicos no siempre van en paralelo al proceso de madurez psicológica. Ahora bien, si perciben estos cambios como algo negativo y este sentimiento perdura en el tiempo, entonces hay que ver qué está pasando.

 

¿Su desorden físico responde a esa amalgama de emociones y pensamientos en los que están sumergidos?

Muchos padres se quejan del desorden de su hijo adolescente. En muchos casos, es verdad que este desorden es un reflejo del caos emocional, aunque deberíamos valorar cada caso de manera individual viendo el historial del adolescente, e incluso el de la familia. Todos los vínculos que haya establecido el adolescente hasta ese momento influirán en su comportamiento.

 

«Algunos adolescentes creen que si tienen 16 años y todavía no han mantenido relaciones sexuales, no son nadie. La presión social que reciben de su grupo en este sentido es grande»

 

¿Hay que dejarlos o hay que intervenir?

Depende de la gravedad y duración de este desorden, y de si se produce solo en su habitación o afecta a todos los ámbitos de su vida. Si es así, este desorden puede ser indicativo de otro problema que actúa como causa. En caso contrario, no hay que preocuparse porque es temporal, lo cual no significa que, como padres, no debamos ir llamándoles la atención.

 

¿Por qué contestan a veces con brusquedad?

Es cierto que a veces contestan de una manera que a los padres les duele. Su manera de comunicarse puede hacer pensar que son maleducados o que están siendo despectivos, pero es su manera de reclamar esa independencia de los padres; independencia que va acompañada de una dependencia creciente de un grupo de iguales. Ya no aceptan que se les pregunte continuamente adónde van, con quién, etc., como cuando eran niños. Piensan que ya no tienen por qué contárselo todo.

 

Pero contestar mal no es la mejor manera de reclamar su independencia, ¿no?

Desde luego, no es la mejor manera, y hay que diferenciar entre si hay un problema real de actitud y mala intención o si la respuesta general del adolescente entra dentro de lo que hay que considerar normal en esta etapa: no suelen ser muy empáticos con los sentimientos de los adultos.

 

¿A qué se agarra un adolescente? ¿Qué es lo fundamental para ellos?

Sin duda, el grupo de iguales. La separación que están haciendo de los padres no significa que no necesiten apoyo. Esta necesidad de apoyo, durante esta etapa, recae más en su grupo de iguales: tener elementos en común, ser valorados, compartir aficiones, etc. Para ellos tiene mucho peso porque les ayuda a definirse y a encontrar su lugar en el mundo.

 

¿Y qué lugar pasan a ocupar los padres?

Aunque los adolescentes reclamen una mayor independencia de sus padres, siguen necesitándolos: es fundamental que los padres le hagan saber a su hijo adolescente que cuenta con ellos. No olvidemos que están en proceso de ser adultos, pero que todavía no lo son. Los padres deben seguir siendo ese sostén, aunque sea a más distancia.

 

Aunque parezca que van a la suya, necesitan el afecto de los padres

Sí, saber que los siguen protegiendo y que, si necesitan hablar con ellos, ser escuchados o abrazados, ellos estarán ahí. La casa, la protección, el afecto de los padres… todos esos aspectos, el adolescente debe percibirlos como incondicionales, aunque él no lo pida porque eso le haría parecer dependiente.

 

«La adolescencia es una etapa en la que todos los aspectos de la infancia se ponen juego»

 

¿Cómo hay que transmitirles ese amor incondicional?

No hace falta que sea con grandes charlas o razonamientos, ya que entonces se sienten niños y vulnerables: basta con hacerles saber que, si les pasa algo, a cualquier hora y sea lo que sea, tienen a quien acudir.

 

¿En la adolescencia son especialmente vulnerables a las adicciones?

Sí, y aquí influye mucho la valoración positiva que en muchos grupos de adolescentes se hace del consumo de drogas, ya que un adolescente busca la aprobación del grupo. Es fundamental que los padres estén atentos en este aspecto.

 

Los adolescentes de hoy se inician en el sexo antes que la generación de sus padres

En general, así es. Este es un tema delicado y complejo: algunos adolescentes creen que, si tienen 16 años y todavía no han mantenido relaciones sexuales, no son nadie. La presión social que reciben de su grupo en este sentido es grande y no quieren sentirse excluidos. Les influye mucho lo que puedan pensar de ellos. Además, en algunos casos, el cuerpo actúa como herramienta de relación con el otro dejando en un segundo plano lo que la persona pueda sentir y pensar, con los riesgos que esto implica. Es muy importante que el adolescente pueda decidir si realmente quiere tener relaciones y cómo quiere que sean: que haya consentimiento y que tome las precauciones necesarias, si las tiene. No debería aceptar hacer nada que no quiera hacer. Todo este tema está muy relacionado con los valores y principios con los que el adolescente llega a esta etapa.

 

¿De la educación que haya recibido de los padres?

Sí, la adolescencia es una etapa en la que todos los aspectos de la infancia se ponen juego. Si el adolescente ha crecido en una familia en la que hay una buena comunicación, en la que se hablan las cuestiones importantes y se le ha transmitido la idea de que su identidad no depende de la valoración que puedan hacer los otros de él, estará más preparado para tomar sus propias decisiones y para que estas sean más meditadas.

 

¿Hasta qué punto los padres deben controlar la actividad de sus hijos en las redes sociales?

Yo creo que es muy importante que haya un control; sobre todo, cuando se inician en las redes sociales. E incluso antes: cuando se les compra el primer dispositivo electrónico. Hay que educarles para que aprendan a hacer un uso saludable de las tecnologías. Existen las aplicaciones de control parental que como padres deberíamos utilizar cuando todavía son pequeños. Más adelante, lo deseable es que este control parental ya no sea necesario porque el adolescente ha aprendido a hacer un buen uso. En cualquier caso, lo importante es que padres e hijos puedan hablar sobre ello con confianza y llegar a acuerdos.

 

¿Qué síntomas deberían alertar a los padres de que su hijo adolescente tiene problemas que requieren ayuda especializada?

Los resultados académicos pueden dar mucha información. Si es un chico o una chica que siempre ha tenido un buen rendimiento y, de repente, deja de tenerlo, lo más probable es que algo esté pasando. Y también suele ser un síntoma el retraimiento. Una cosa es que a veces se aíslen en su habitación y otra muy distinta es el aislamiento excesivo, cuando apenas se comunican. También hay que mirar las áreas afectadas: si solo se aíslan en casa o es un aislamiento que también se produce en el colegio y respecto a las amistades.

 

«Los adolescentes ven el futuro como algo muy lejano, por eso les cuesta entender que lo que hagan hoy tendrá consecuencias en el futuro. Un adolescente vive en el presente»

 

¿Hay que permitir que el adolescente se aísle del resto de la familia?

No, el adolescente es un miembro más del núcleo familiar, por lo que debe convivir con los otros miembros de la familia y aceptar las normas. Este es un de los puntos de conflicto más habituales.

 

Cuando unos padres llevan a su hijo a terapia, ¿cómo se realiza la evaluación?

Depende del caso: a veces, la primera visita o anámnesis se hace solo con los padres; otras, se hace una parte con ellos y otra con los tres. Una vez que se ha evaluado el motivo de consulta, las sesiones se hacen a solas con el adolescente, aunque se hacen reuniones paralelas con los padres. En la terapia es fundamental respetar el espacio del adolescente y la confidencialidad.

 

¿Se respeta siempre la confidencialidad con los adolescentes?

Sí, desde luego, es fundamental para el éxito de la terapia. La confidencialidad solo se rompe en casos excepcionales: si el terapeuta detecta que hay un peligro de autolesiones o de que el paciente pueda hacer daño a terceros.

 

¿Un adolescente explica en terapia lo que no comparte con sus padres?

Muchas veces sí. O lo explica de manera diferente. El espacio terapéutico es un espacio que ayuda a parar y pensar. Esto hace que salgan aspectos que quizá no expresan en otros ámbitos.

 

¿Qué miedos tiene un adolescente?

Miedo a no ser aceptado, a no ser valorado, a no tener amigos, al abandono, al desamparo. Como decía antes, en esta etapa vital es esencial que uno sepa que tiene un sostén y que este sea estable. También les preocupa mucho su futuro y, por tanto, sus resultados académicos, aunque a los adultos no siempre nos lo parezca. A no ser que haya una psicopatología o un trastorno que provoque una inconsciencia sobre el futuro, los adolescentes no son unos inconscientes, por mucho que vivan instalados en el presente.

 

¿Los adolescentes vive exclusivamente en el presente?

Sí, el futuro lo ven como algo muy lejano, por eso les cuesta entender que lo que hagan hoy tendrá consecuencias en el futuro. Un adolescente vive en el presente.

Por qué el mindfulness es efectivo en el tratamiento de la depresión_Impulsa Psicología

Por qué el mindfulness es efectivo en el tratamiento de la depresión

Desde hace varias décadas, universidades tan prestigiosas como la de Harvard y la de Oxford no solamente investigan los efectos del mindfulness en el cerebro, sino que, debido a los resultados positivos de sus investigaciones, ofrecen programas basados en esta práctica para tratar el estrés, la ansiedad y la depresión. En nuestro centro, en algunos casos, también utilizamos la práctica de la atención plena como herramienta terapéutica combinándola con la psicoterapia. Vamos a ver, concretamente, por qué el mindfulness es efectivo en el tratamiento de la depresión.

 

 

Vídeo de la Universidad de Harvard sobre los beneficios del mindfulness en el tratamiento de la depresión (en inglés).

 

En 2020 la depresión será la principal causa de discapacidad

Por qué el mindfulness es efectivo en el tratamiento de la depresión_Impulsa Psicología

Cualquier persona puede sufrir depresión, a cualquier edad. Las razones pueden ser muy diversas: una experiencia traumática en la infancia, problemas laborales o familiares, estrés crónico, antecedentes familiares, padecer una enfermedad crónica, etc. Asimismo, la tristeza no es el único síntoma, ni el primero, que presentan todas las personas que sufren depresión: puede manifestarse apatía, ira, desesperanza, cambios de comportamiento, pérdida de autoestima, ansiedad, culpa, irritabilidad, dificultad para concentrase y tomar decisiones, insomnio, pérdida o aumento de apetito, dificultades en el trabajo o en la escuela, dolores y molestias físicas, pérdida del deseo sexual, autolesiones, pensamientos de suicidio, etc.

Según el Oxford Mindfulness Centre, una de cada cuatro personas sufrirá depresión en algún momento de su vida y, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2020 esta enfermedad será la principal causa de discapacidad en el mundo, ya que tiende a comenzar en la adolescencia tardía o en la edad adulta temprana y puede presentarse de manera recurrente a lo largo de la vida de la persona afectada. De hecho, las investigaciones han demostrado que la mitad de las personas que la han sufrido una vez, sufrirán otro episodio; y que después de una segunda o tercera vez, el riesgo de nuevos episodios se dispara hasta un 80-90 %.

 

Tras una primera depresión, el riesgo de nuevos episodios se dispara

El riesgo de nuevos episodios aumenta porque la depresión crea un vínculo en el cerebro entre la tristeza y los pensamientos negativos que actúa como una espiral en la que quedan atrapadas las personas que la sufren: la tristeza cotidiana que podríamos considerar normal desencadena en ellas fuertes pensamientos negativos que dan lugar a un nuevo episodio de depresión.

 

Conferencia de la doctora Sara Salazar (Universidad de Harvard) durante el 5º Congreso Internacional de Mindfulness celebrado en Zaragoza el pasado mes de junio (en español).

 

Por qué el mindfulness es efectivo en el tratamiento de la depresión

 

Por qué el mindfulness es efectivo en el tratamiento de la depresión_Impulsa Psicología

El mindfulness o atención plena consiste en experimentar el momento presente con plena conciencia y sin realizar juicios sobre los pensamientos que vienen a la mente (se reconocen, pero no se enjuician). Cuando una persona sufre depresión, sus pensamientos están distorsionados; motivo por el que estos pensamientos negativos la llevan, a su vez, a sentir emociones negativas, haciéndose más profunda la depresión.

 

La práctica del mindfulness, combinada con la psicoterapia, se ha mostrado muy eficaz en el tratamiento de la depresión porque brinda a las personas que la sufren las herramientas para reconocer y responder a los pensamientos negativos recurrentes o rumiativos: las personas aprenden a darse cuenta de cuándo se están hablando a sí mismas de manera negativa, aprenden también a darse cuenta de que estos pensamientos no son un reflejo preciso de la realidad y aprenden  a redirigir esos pensamientos para no ser absorbidos por ellos. “La atención plena ayuda a ser consciente de los sentimientos y pensamientos negativos, y la terapia cognitiva ayuda a superarlos y a desarrollar el hábito de no dejar que te dominen” explica el psicólogo Daniel Goleman, uno de los mayores especialistas en el tema. De este modo, los pacientes empiezan a otorgar menos poder a este tipo de pensamientos: la persona “los ve pasar”, pero no se deja llevar por ellos. En otras palabras, se enseña a la persona a separarse de los patrones de pensamiento distorsionados y negativos; un hábito que, además, ayuda a disminuir el riesgo de que se desencadene un nuevo episodio de depresión en el futuro.

 

Si quieres hacernos una consulta sobre este tema, no dudes en ponerte en contacto con nuestro equipo de psicólogos.

 

«La rutina en la relación de pareja es cómoda, pero genera insatisfacción»

«La rutina en la relación de pareja es cómoda, pero genera insatisfacción»

La psicóloga de nuestro centro Mireia Valera está especializada en psicopatología clínica y en terapia contextual de pareja y, dentro de ella, en terapia integrativa de pareja. En esta entrevista nos explica qué factores van instalando la rutina en una relación, cómo afecta la monotonía a la pareja y qué se trabaja en terapia para promover los cambios necesarios.

 

Vivimos vidas bastante pautadas por las obligaciones diarias, ¿la rutina es, per se, negativa?

La rutina no tiene por qué ser algo negativo: puede ser cómoda y práctica, y nos da seguridad en el día a día. De hecho, es muy positivo que en una familia se establezcan rutinas; sobre todo, cuando hablamos de la educación de los niños. Pero además de sus pros, la rutina en la relación de pareja también tiene sus contras.

 

¿Cuál es esta parte negativa?

Que la pareja va perdiendo la motivación inicial. Se acepta un ritmo de vida que resulta cómodo, pero que va generando insatisfacción porque no es estimulante.

 

Y termina afectando a la relación de pareja

Sí. Sin querer, se van repitiendo conductas que van diluyendo el vínculo entre los dos miembros de la pareja hasta que se distancian y dejan de hacer cosas juntos, al menos de forma espontánea como sí hacían antes.

 

¿Hay antídoto?

Sí, introducir elementos nuevos que nos motiven, que puedan generar nuevas conexiones entre la pareja y que nos permitan ver el beneficio de romper esa rutina.

 

No es tan fácil, pensarán algunas personas

Como en cualquier ámbito, se necesitan pautas para introducir un nuevo hábito. Pero a base de repetir esas pautas, al final conseguimos que el hábito se automatice.

 

¿Descuidamos la relación de pareja porque damos por hecho que el otro siempre estará ahí?

Por supuesto, depende de cada persona, pero es verdad que a veces este pensamiento de que el otro estará ahí siempre e incondicionalmente puede provocar que se pierda, por ejemplo, el incentivo de la seducción. Aunque también puede darse el caso contrario: personas que temen tanto perder al otro, que empiezan a intentar controlarlo.

 

«Para que se produzcan cambios, primero la pareja debe aceptar cuál es su situación»

 

Y consiguen el efecto contrario

Si, el miedo a que el otro les abandone provoca que quieran controlar tanto a su pareja que esta acaba distanciándose.

 

¿Deberíamos entender la relación de pareja como algo dinámico?

Desde luego. En una relación hay diferentes fases y estas fases son distintas en cada pareja. La única que es común a todas las parejas es la primera, la del enamoramiento, que tiene caducidad: normalmente, dura 4-6 años. Esta primera fase es la más intensa, entre otras razones porque se idealiza al otro.

 

Cuando nos enamoramos, ¿no vemos al otro como realmente es?

Lo que ocurre es que acentuamos lo que nos gusta de esa persona y minimizamos las características que nos disgustan. Con el tiempo esta imagen idílica va perdiendo fuerza y nos conformamos otra mucho más realista. Y aquí es cuando hacemos una valoración y decidimos si queremos seguir con la otra persona o no. Por esta razón, muchas relaciones terminan a los cuatro o seis años.

 

¿Y si se decide continuar?

Entonces se pasa a una fase en la que la intensidad de las emociones es menor, pero en la que el vínculo con el otro aumenta porque se basa más en la amistad, el amor y el afecto que en el deseo.

 

¿Es posible renovar la pasión de los primeros años?

Sí, ¡y recomendable! Es verdad que no volveremos a la fase de enamoramiento porque es una fase irrepetible, pero podemos identificar aquellas cosas que no nos satisfacen, o que no nos satisfacen en la misma medida, e intentar actuar sobre ellas.

 

¿Cómo se logra?

Creando contextos nuevos, más estimulantes y atractivos, que nos motiven a probar experiencias nuevas o a volver a vivir otras que hace tiempo que no experimentamos. Y para esto es muy importante escuchar cuáles son las demandas sexuales y afectivas del otro, y tenerlas en cuenta a la hora de volver a tener esa intimidad.

 

«La rutina en la relación de pareja es cómoda, pero genera insatisfacción»_centro de psicólogos Impulsa de Barcelona

 

¿Podemos volver a ver al otro con otros ojos? ¿cambiar la mirada?

Si, pero no se trata de volver a ver al otro como lo veíamos al principio, cuando lo conocimos. Es un hecho que la convivencia desgasta la relación de pareja, pero la cuestión es que tendemos a prestar más atención a lo que nos disgusta del otro. Lo que nos gusta lo damos por hecho. Hay que cambiar esa tendencia para tener una mirada mucho más realista y objetiva de cuál es la situación, porque esto nos proporcionará mucha más información, un punto de vista más ajustado y hará que la relación sea mucho más satisfactoria.

 

¿Qué más podemos hacer?

Es muy importante que dejemos de tener la tendencia al juicio: caemos continuamente en comparar y juzgar al otro diciendo lo que nos gusta y lo que no. En lugar de tener esta actitud, deberíamos adoptar la mirada de la que hablaba antes para saber que la situación es la que es y ver si la podemos cambiar o si debemos aceptar que no y terminar la relación.

 

¿Todo este proceso es el que ayudas a hacer a las parejas en consulta?

Sí. Lo primero que hacemos es un análisis funcional de cuáles son las situaciones conflictivas. Este análisis primero lo hacemos conjuntamente, con los dos miembros de la pareja porque para ellos suele ser muy revelador.

 

¿Por qué es tan revelador?

Porque se dan cuenta de cómo funcionan ellos en estas situaciones.

 

Explícanos un poco más el trabajo que hacéis en las sesiones

Vemos qué propicia esas situaciones, cuándo y dónde se producen, de qué manera tienen lugar, qué ocurre después, cuál es el papel de cada uno, qué factores provocan que la situación perdure, qué otros factores podrían generar un cambio, etc. Fundamentalmente se trata de ver cuáles son las consecuencias de nuestros actos; actos que tenemos tan interiorizados que no somos ni conscientes de ellos. Y aquí es muy importante la visión que nos aporta el otro porque, normalmente, no se corresponde con la nuestra.

 

¿Y después?

Generamos un proceso de aceptación de esas situaciones porque, paradójicamente, desde la aceptación de eso que nos disgusta, se puede empezar a promover el cambio. Es decir, para que se produzcan cambios, primero la pareja debe aceptar cuál es su situación.

 

¿Por qué?

Porque a la hora de iniciar el cambio (cambios de actitud, de patrones, etc.) ambos se sentirán mucho más seguros si sienten que el otro acepta que la situación es la que hemos analizado.

 

«La rutina es producto de la convivencia y del estrés diario; en cambio, la indiferencia suele ser el resultado del distanciamiento emocional»

 

¿Cuál es el siguiente paso?

Generar intercambios empáticos: escuchar a la otra persona, querer saber qué nos está expresando en lugar de tener como objetivo contestar enseguida a lo que dice.

 

Escuchamos poco

Sí, muy poco. Y por eso, a veces, hago que uno de ellos diga con sus propias palabras lo que acaba de expresar el otro, para ver qué es lo que ha entendido y cómo lo ha entendido; si se ajusta a lo que ha dicho la otra persona.

 

¿Para ver si hay empatía?

Sí, cuando uno es consciente de lo que realmente ha dicho la otra persona, es capaz de ponerse en su piel y ver la situación desde su prisma. Esto genera mucha comprensión. Normalmente, como terapeuta, uno se da cuenta de que la pareja tiene muchas dificultades de comunicación e intervenimos directamente para ayudarlos en este aspecto. Y también trabajamos la regulación emocional.

 

¿En qué consiste la regulación emocional?

En conseguir disminuir la intensidad emocional que provocan las situaciones conflictivas. Desde la calma que logramos al disminuir la intensidad de las emociones, la pareja puede ver con mucha más claridad cualquier situación. Yo trabajo mucho la regulación emocional tanto en las sesiones conjuntas como en las individuales.

 

¿Rutina e indiferencia son lo mismo?

No, la rutina es producto de la convivencia y del estrés diario; en cambio, la indiferencia suele ser el resultado del distanciamiento emocional. La indiferencia proviene más del conflicto que de la monotonía. Cuando hay conflictos y noto que mi pareja no me entiende, cuando hay una asimetría en la responsabilidad de las tareas domésticas, cuando siento que mi pareja es muy dominante y que mi papel se empequeñece en la relación, cuando no se es capaz de llegar a un acuerdo sobre la crianza de los hijos, entonces me distancio y me empiezo a mostrar indiferente. Es cuando las posiciones se polarizan y empezamos a culpar al otro. Estas situaciones ocurren y también las tratamos en terapia porque se pueden reconducir.

 

¿Hasta qué punto mantener espacios propios es positivo en una relación de pareja?

Es una cuestión de equilibrio: no es bueno intentar absorber al otro, pero tampoco lo es la independencia excesiva. Como tampoco es saludable la codependencia, que también se da en algunos casos. Cada miembro de la pareja debe tener sus propias aficiones y amigos, y reservar una parcela de su vida para compartirla con el otro. Hay que poder disfrutar con el otro y sin el otro.

 

¿Y si se tienen inquietudes muy diferentes?

Esto suele darse en parejas que llevan mucho tiempo juntas, cuando cada miembro de la pareja ha ido evolucionando en una dirección diferente. En estos casos, la independencia de la que hablábamos antes cobra más importancia, pero esto no significa que no haya que buscar momentos de conexión, experiencias que se puedan compartir y que enriquezcan la relación; a no ser que la distancia entre los caminos escogidos por cada miembro de la pareja sea insalvable y tengan que plantearse la posibilidad de dejar la relación. Pero si, por ejemplo, uno de los miembros no está satisfecho con cuál ha sido su propia evolución, también se le puede ayudar. Depende mucho de las expectativas y de la motivación de cada pareja.

 

¿Y si uno de los dos miembros de la pareja se ha descuidado físicamente y esto afecta al deseo?

La evolución física y el cuidado de la imagen personal también pueden afectar al deseo. De la misma forma que también es muy importante la manera en que nos vemos a nosotros mismos porque eso repercute en la imagen que proyectamos. Si en terapia identificamos esta cuestión como una necesidad o demanda, también se puede trabajar porque es algo bastante sencillo de modificar introduciendo ciertos hábitos. No obstante, este tema no suele aparecer como una cuestión esencial dentro de la terapia: en todo caso, aparece como tema secundario.

 

¿Cada vez hay más relaciones de pareja abiertas? ¿funcionan como un antídoto de la rutina?

Sí, cada vez vemos más parejas en terapia que mantienen una relación abierta. Si este tipo de relación está realmente consensuada por las dos personas, no hay ningún problema. Pero no siempre es así. En mi experiencia, el tema de las relaciones abiertas sale más en las terapias individuales o en las sesiones individuales de terapia de pareja, y lo que veo es que muchas de estas personas tienen dudas sobre cómo este tipo de relación está influyendo en la que tienen con su pareja. En estos casos en los que uno tiene serias dudas sobre el papel que está aceptando en la pareja, hay que intervenir porque algo está fallando y puede provocar que la persona se envíe a sí misma mensajes que no son positivos y que están relacionados con la valoración que hace de sí misma.

 

Por último, háblanos de la infidelidad

Es un tema recurrente en terapia. La infidelidad no es consensuada, por lo que implica engaño y genera un daño profundo en el otro y fisuras graves en la pareja. A veces surge desde un inicio porque el otro se ha enterado de la infidelidad, pero está dispuesto a dar una última oportunidad a su relación de pareja y acuden los dos para intentarlo. Otras veces surge en la terapia individual y la persona explica que su pareja no lo sabe. Pero cuando viene una pareja a hacer terapia, siempre les informo de que, si uno de los dos está teniendo otra relación fuera de la pareja y no está dispuesto a que el otro lo sepa, no podremos continuar con la terapia, ya que esta es una de las máximas de la terapia integrativa de pareja.

 

¿Por qué?

Porque la terapia de pareja no sería efectiva, a menos que la persona que está siendo infiel decida terminar su relación con esta tercera persona. Lo que sí hacemos en algunos casos, cuando la persona no quiere decírselo a su pareja, es iniciar una terapia individual para tratar la situación y reconducirla.

 

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